Hace doscientos años, las cárceles de Inglaterra eran lugares terribles. Mujeres y niños vivían amontonados en cuartos oscuros, muchas veces con poca comida y poca ropa. Algunos niños nacían allí. Casi nadie pensaba en ellos.
Una mujer sí pensó en ellos.
Una madre cuáquera
Elizabeth Fry nació en Inglaterra en 1780. Era cuáquera, de un grupo cristiano que creía que cada persona lleva algo de Dios y merece ser tratada con dignidad. Se casó y tuvo once hijos.
En 1813, una amiga le habló de las mujeres de Newgate, una cárcel de Londres, la capital de Inglaterra. Ella fue a verlo con sus propios ojos.
Encontró a unas trescientas mujeres con sus hijos apretadas en unos pocos cuartos. Dormían en el suelo, y cocinaban y lavaban en el mismo lugar donde vivían. Algunas esperaban su juicio. Otras esperaban que las mandaran al otro lado del mundo, a Australia, que entonces era una colonia británica, como castigo.
Lo que hizo
Elizabeth les llevó ropa a los niños. Unos años después, hacia 1816, volvió y empezó a visitarlas con regularidad. Abrió una escuela dentro de la cárcel para los niños, y les enseñó a las mujeres a coser para que pudieran ganar un poco de dinero. Les leía la Biblia, y las trataba como personas a quienes valía la pena enseñar.
En 1817, ella y otras mujeres formaron un grupo para seguir ayudando a las presas. Más tarde visitó los barcos que llevaban mujeres a Australia y luchó para que mejoraran las condiciones a bordo. Viajó a otros países para hablar sobre las cárceles, y habló con líderes del Parlamento de Inglaterra.
Por qué lo hizo
Tomó en serio la palabra de Jesús. En su historia sobre el rey y los dos grupos, el rey les da las gracias a quienes lo visitaron en la cárcel. El Evangelio de Mateo lo cuenta.
Desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; estuve en la cárcel, y vinisteis á mí.
Mateo 25:36 · Reina-Valera 1909
Para Elizabeth, las mujeres de Newgate eran las personas de las que hablaba Jesús.
De 2002 a 2016, su rostro estuvo impreso en el billete de cinco libras del Banco de Inglaterra.
Lo que significa para nosotros
La mayoría de nosotros nunca hemos pensado mucho en las personas que están en la cárcel. Hay que decirlo con sinceridad. Pero una mujer con una familia grande y una vida muy ocupada decidió ir a ver. Si quieres hacer algo así, puedes empezar con algo pequeño: escribir una carta, dar a un grupo que sirve a las familias de los presos, o simplemente dejar de ver a las personas presas como un caso perdido. Elizabeth Fry no creía que nadie estuviera fuera del alcance del amor de Dios, y tú tampoco tienes que creerlo.
