Verdad 9 · Dios no sacrificó a sus propios hijos

Jesús nunca ofreció un sacrificio en el altar

En cambio lavó pies y volcó las mesas del mercado · unos 10 minutos de lectura

En el mundo donde nació Jesús, casi todos hacían ofrendas, a Dios o a sus dioses.

Un campesino traía un cordero, una madre pobre traía dos aves, y los ricos traían toros. En Jerusalén, los sacerdotes mataban animales en el gran altar de piedra del templo cada mañana y cada tarde, y el humo subía todo el día. Al otro lado del mar, los griegos y los romanos hacían lo mismo para sus propios dioses. La gente hacía ofrendas para dar gracias, para celebrar una fiesta, para pedir ayuda y para reparar una falta, y muchas veces la familia se comía después la mayor parte del animal en una comida compartida. Era el acto religioso más normal del mundo.

Los libros de Moisés, los cinco libros más antiguos de la ley, estaban llenos de reglas sobre qué animal traer, en qué día y qué parte se quedaba el sacerdote.

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