Mateo 25:46 termina una historia que contó Jesús sobre gente juzgada por una sola cosa. ¿Dieron de comer al hambriento, recibieron al forastero y visitaron al enfermo y al preso? La palabra para "eterno" se usa tanto para el castigo como para la vida. En otro lugar Jesús habla de un alma destruida, no atormentada para siempre. El versículo no exige un tormento sin fin.
Jesús estaba sentado en el monte de los Olivos, un monte frente a Jerusalén, unos días antes de morir. Les contó a sus amigos una historia sobre el fin del tiempo.
Un rey reúne a todas las naciones y las separa, como un pastor separa las ovejas de los cabritos. Le dice a un grupo que le dieron de comer cuando tuvo hambre y lo visitaron cuando estuvo enfermo y en la cárcel. Ellos se sorprenden. Nunca lo vieron. Él dice que lo que hicieron por uno de estos más pequeños, lo hicieron por él. El otro grupo no hizo nada de eso.
Luego viene la última línea.
E irán éstos al tormento eterno, y los justos á la vida eterna.
Mateo 25:46 · Reina-Valera 1909
La palabra "eterno"
La palabra griega detrás de las dos veces que dice "eterno" es la misma, αἰώνιος (aiónios), "eterno". Se usa para las dos mitades de la frase, así que lo que quiera decir en una, lo quiere decir en la otra.
Pero otras palabras de Jesús ayudan. En Mateo 10:28 habla de que el alma y el cuerpo son destruidos. El griego ahí es ἀπολέσαι (apolésai), "destruir". Es una palabra para terminar, no para una tortura que nunca para.
El griego no exige un tormento que nunca termine.
De qué trata la historia
Ni una palabra de la prueba es sobre creencias, reglas de comida o el edificio correcto. Trata de si le diste de comer a alguien.
Si el miedo al fuego te ha quitado el sueño, Jesús te señaló a los que tienen hambre, no a las llamas. Puedes leer gratis la enseñanza completa en la app Mercy.
Lee el capítulo completo: Mateo 25
1ENTONCES el reino de los cielos será semejante á diez vírgenes, que tomando sus lámparas, salieron á recibir al esposo.
2Y las cinco de ellas eran prudentes, y las cinco fatuas.
3Las que eran fatuas, tomando sus lámparas, no tomaron consigo aceite;
4Mas las prudentes tomaron aceite en sus vasos, juntamente con sus lámparas.
5Y tardándose el esposo, cabecearon todas, y se durmieron.
6Y á la media noche fué oído un clamor: He aquí, el esposo viene; salid á recibirle.
7Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron, y aderezaron sus lámparas.
8Y las fatuas dijeron á las prudentes: Dadnos de vuestro aceite; porque nuestras lámparas se apagan.
9Mas las prudentes respondieron, diciendo: Porque no nos falte á nosotras y á vosotras, id antes á los que venden, y comprad para vosotras.
10Y mientras que ellas iban á comprar, vino el esposo; y las que estaban apercibidas, entraron con él á las bodas; y se cerró la puerta.
11Y después vinieron también las otras vírgenes, diciendo: Señor, Señor, ábrenos.
12Mas respondiendo él, dijo: De cierto os digo, que no os conozco.
13Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del hombre ha de venir.
14Porque el reino de los cielos es como un hombre que partiéndose lejos llamó á sus siervos, y les entregó sus bienes.
15Y á éste dió cinco talentos, y al otro dos, y al otro uno: á cada uno conforme á su facultad; y luego se partió lejos.
16Y el que había recibido cinco talentos se fué, y granjeó con ellos, é hizo otros cinco talentos.
17Asimismo el que había recibido dos, ganó también él otros dos.
18Mas el que había recibido uno, fué y cavó en la tierra, y escondió el dinero de su señor.
19Y después de mucho tiempo, vino el señor de aquellos siervos, é hizo cuentas con ellos.
20Y llegando el que había recibido cinco talentos, trajo otros cinco talentos, diciendo: Señor, cinco talentos me entregaste; he aquí otros cinco talentos he ganado sobre ellos.
21Y su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré: entra en el gozo de tu señor.
22Y llegando también el que había recibido dos talentos, dijo: Señor, dos talentos me entregaste; he aquí otros dos talentos he ganado sobre ellos.
23Su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré: entra en el gozo de tu señor.
24Y llegando también el que había recibido un talento, dijo: Señor, te conocía que eres hombre duro, que siegas donde no sembraste, y recoges donde no esparciste;
25Y tuve miedo, y fuí, y escondí tu talento en la tierra: he aquí tienes lo que es tuyo.
26Y respondiendo su señor, le dijo: Malo y negligente siervo, sabías que siego donde no sembré y que recojo donde no esparcí;
27Por tanto te convenía dar mi dinero á los banqueros, y viniendo yo, hubiera recibido lo que es mío con usura.
28Quitadle pues el talento, y dadlo al que tiene diez talentos.
29Porque á cualquiera que tuviere, le será dado, y tendrá más; y al que no tuviere, aun lo que tiene le será quitado.
30Y al siervo inútil echadle en las tinieblas de afuera: allí será el lloro y el crujir de dientes.
31Y cuando el Hijo del hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará sobre el trono de su gloria.
32Y serán reunidas delante de él todas las gentes: y los apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos.
33Y pondrá las ovejas á su derecha, y los cabritos á la izquierda.
34Entonces el Rey dirá á los que estarán á su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo:
35Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fuí huésped, y me recogisteis;
36Desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; estuve en la cárcel, y vinisteis á mí.
37Entonces los justos le responderán, diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos? ¿ó sediento, y te dimos de beber?
38¿Y cuándo te vimos huésped, y te recogimos? ¿ó desnudo, y te cubrimos?
39¿O cuándo te vimos enfermo, ó en la cárcel, y vinimos á ti?
40Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis á uno de estos mis hermanos pequeñitos, á mí lo hicisteis.
41Entonces dirá también á los que estarán á la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y para sus ángeles:
42Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber;
43Fuí huésped, y no me recogisteis; desnudo, y no me cubristeis; enfermo, y en la cárcel, y no me visitasteis.
44Entonces también ellos le responderán, diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, ó sediento, ó huésped, ó desnudo, ó enfermo, ó en la cárcel, y no te servimos?
45Entonces les responderá, diciendo: De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis á uno de estos pequeñitos, ni á mí lo hicisteis.
46E irán éstos al tormento eterno, y los justos á la vida eterna.
Reina-Valera 1909