«Ahora pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús.»
Ahora oremos juntos: Padre, gracias por el amor que me has mostrado y que me seguirás mostrando. Ayúdame a recordar que siempre estás ahí y siempre me amas, para que pueda entrar en este día con la cabeza en alto, seguro contigo, sin nada entre nosotros.










