Jesús sanó a diez hombres con una enfermedad de la piel, y solo uno volvió a darle gracias. Se postró rostro en tierra a los pies de Jesús. El Evangelio de Lucas agrega que era samaritano, alguien de afuera. Una y otra vez, Jesús le dio el papel del héroe al de afuera.
El Evangelio de Lucas cuenta esto en el capítulo 17. Jesús iba caminando hacia Jerusalén, por la frontera entre Samaria y Galilea. Al entrar en una aldea, diez hombres se pararon lejos y le gritaron. Tenían lepra, una enfermedad de la piel que convertía a la persona en un marginado. No se les permitía acercarse a nadie.
Jesús les dijo que fueran a mostrarse a los sacerdotes. Mientras iban, quedaron sanos.
Uno volvió
Nueve de ellos siguieron su camino. Uno se detuvo, se dio la vuelta y regresó, alabando a Dios a gran voz.
Y derribóse sobre el rostro á sus pies, dándole gracias: y éste era Samaritano.
Lucas 17:16 · Reina-Valera 1909
Los samaritanos vivían en la región de colinas entre Galilea y Judea. Ellos y la gente de Judea tenían antepasados en común, pero se habían separado hacía mucho, y cada lado menospreciaba al otro. Para mucha gente que oía esta historia, un samaritano era la última persona que esperarías que fuera el bueno.
El Evangelio de Lucas guarda ese dato para el final mismo de la frase.
Lo que dijo Jesús
Jesús preguntó dónde estaban los otros nueve. Solo este extranjero había vuelto a darle gloria a Dios. Luego le dijo al hombre que se levantara y se fuera, porque su fe lo había sanado.
Lo que significa
Jesús nunca usó la palabra "de afuera" para apartar a la gente. Una y otra vez, le dio la mejor parte de la historia al que otros menospreciaban. El lugar de donde vienes no te pone más lejos de Dios.
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Lee el capítulo completo: Lucas 17
1Y Á SUS discípulos dice: Imposible es que no vengan escándalos; mas ¡ay de aquél por quien vienen!
2Mejor le fuera, si le pusiesen al cuello una piedra de molino, y le lanzasen en el mar, que escandalizar á uno de estos pequeñitos.
3Mirad por vosotros: si pecare contra ti tu hermano, repréndele; y si se arrepintiere, perdónale.
4Y si siete veces al día pecare contra ti, y siete veces al día se volviere á ti, diciendo, pésame, perdónale.
5Y dijeron los apóstoles al Señor: Auméntanos la fe.
6Entonces el Señor dijo: Si tuvieseis fe como un grano de mostaza, diréis á este sicómoro: Desarráigate, y plántate en el mar; y os obedecerá.
7¿Y quién de vosotros tiene un siervo que ara ó apacienta, que vuelto del campo le diga luego: Pasa, siéntate á la mesa?
8¿No le dice antes: Adereza qué cene, y arremángate, y sírveme hasta que haya comido y bebido; y después de esto, come tú y bebe?
9¿Da gracias al siervo porque hizo lo que le había sido mandado? Pienso que no.
10Así también vosotros, cuando hubiereis hecho todo lo que os es mandado, decid: Siervos inútiles somos, porque lo que debíamos hacer, hicimos.
11Y aconteció que yendo él á Jerusalem, pasaba por medio de Samaria y de Galilea.
12Y entrando en una aldea, viniéronle al encuentro diez hombres leprosos, los cuales se pararon de lejos,
13Y alzaron la voz, diciendo: Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros.
14Y como él los vió, les dijo: Id, mostraos á los sacerdotes. Y aconteció, que yendo ellos, fueron limpios.
15Entonces uno de ellos, como se vió que estaba limpio, volvió, glorificando á Dios á gran voz;
16Y derribóse sobre el rostro á sus pies, dándole gracias: y éste era Samaritano.
17Y respondiendo Jesús, dijo: ¿No son diez los que fueron limpios? ¿Y los nueve dónde están?
18¿No hubo quien volviese y diese gloria á Dios sino este extranjero?
19Y díjole: Levántate, vete; tu fe te ha salvado.
20Y preguntado por los Fariseos, cuándo había de venir el reino de Dios, les respondió y dijo: El reino de Dios no vendrá con advertencia;
21Ni dirán: Helo aquí, ó helo allí: porque he aquí el reino de Dios entre vosotros está.
22Y dijo á sus discípulos: Tiempo vendrá, cuando desearéis ver uno de los días del Hijo del hombre, y no lo veréis.
23Y os dirán: Helo aquí, ó helo allí. No vayáis, ni sigáis.
24Porque como el relámpago, relampagueando desde una parte de debajo del cielo, resplandece hasta la otra debajo del cielo, así también será el Hijo del hombre en su día.
25Mas primero es necesario que padezca mucho, y sea reprobado de esta generación.
26Y como fué en los días de Noé, así también será en los días del Hijo del hombre.
27Comían, bebían, los hombres tomaban mujeres, y las mujeres maridos, hasta el día que entró Noé en el arca; y vino el diluvio, y destruyó á todos.
28Asimismo también como fué en los días de Lot; comían, bebían, compraban, vendían, plantaban, edificaban;
29Mas el día que Lot salió de Sodoma, llovió del cielo fuego y azufre, y destruyó á todos:
30Como esto será el día en que el Hijo del hombre se manifestará.
31En aquel día, el que estuviere en el terrado, y sus alhajas en casa, no descienda á tomarlas: y el que en el campo, asimismo no vuelva atrás.
32Acordaos de la mujer de Lot.
33Cualquiera que procurare salvar su vida, la perderá; y cualquiera que la perdiere, la salvará.
34Os digo que en aquella noche estarán dos en una cama; el uno será tomado, y el otro será dejado.
35Dos mujeres estarán moliendo juntas: la una será tomada, y la otra dejada.
36Dos estarán en el campo; el uno será tomado, y el otro dejado.
37Y respondiendo, le dicen: ¿Dónde, Señor? Y él les dijo: Donde estuviere el cuerpo, allá se juntarán también las águilas.
Reina-Valera 1909