El padre le dice esto a su hijo mayor en la historia del hijo pródigo. El hijo mayor estaba enojado porque su hermano tuvo una fiesta. Había cumplido todas las reglas y sentía que nunca le pagaron por eso. El padre le dice que siempre estuvo en casa, y que todo ya era suyo.
El hermano en el campo
Esta línea viene cerca del final de la historia del hijo pródigo, en el Evangelio de Lucas, capítulo 15. Jesús les contó la historia a los fariseos y a los maestros de la ley. Estaban molestos porque él recibía a los pecadores.
El hijo menor había vuelto a casa después de malgastar el dinero de su padre. El padre corrió hacia él e hizo un banquete. El hijo mayor estaba trabajando en el campo. Cuando se acercó a la casa, oyó música y baile. Un siervo le dio la noticia. Se enojó y no quiso entrar.
Así que el padre salió a verlo. El hijo mayor le dijo que llevaba años sirviéndole y que nunca había roto ni un solo mandamiento. Y su padre nunca le había dado ni un cabrito para una fiesta con sus amigos.
Creía que todos esos años de cumplir reglas le debían haber dado un pago.
El entonces le dijo: Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas.
Lucas 15:31 · Reina-Valera 1909
Lo que dice el padre
El padre no lo echa. No discute sobre reglas. Le dice a su hijo dos cosas sencillas. Siempre has estado conmigo. Todo lo que tengo es tuyo.
El hijo mayor había estado viviendo como un peón en su propia casa. Contaba los días y esperaba su salario. Pero había sido hijo todo el tiempo.
Luego el padre dice que tenían que celebrar, porque su hermano se había perdido y ahora fue hallado. La historia termina ahí. Jesús nunca dice si el hermano mayor entró.
Lo que significa
Jesús dejó el final abierto para los cumplidores de reglas que lo escuchaban. El amor de Dios no es un salario. Si has trabajado duro para ser bueno y todavía te sientes vacío, ya estás en casa, y todo ya es tuyo.
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Lee el capítulo completo: Lucas 15
1Y SE llegaban á él todos los publicanos y pecadores á oirle.
2Y murmuraban los Fariseos y los escribas, diciendo: Este á los pecadores recibe, y con ellos come.
3Y él les propuso esta parábola, diciendo:
4¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si perdiere una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va á la que se perdió, hasta que la halle?
5Y hallada, la pone sobre sus hombros gozoso;
6Y viniendo á casa, junta á los amigos y á los vecinos, diciéndoles: Dadme el parabién, porque he hallado mi oveja que se había perdido.
7Os digo, que así habrá más gozo en el cielo de un pecador que se arrepiente, que de noventa y nueve justos, que no necesitan arrepentimiento.
8¿O qué mujer que tiene diez dracmas, si perdiere una dracma, no enciende el candil, y barre la casa, y busca con diligencia hasta hallarla?
9Y cuando la hubiere hallado, junta las amigas y las vecinas, diciendo: Dadme el parabién, porque he hallado la dracma que había perdido.
10Así os digo que hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente.
11Y dijo: Un hombre tenía dos hijos;
12Y el menor de ellos dijo á su padre: Padre, dame la parte de la hacienda que me pertenece: y les repartió la hacienda.
13Y no muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, partió lejos á una provincia apartada; y allí desperdició su hacienda viviendo perdidamente.
14Y cuando todo lo hubo malgastado, vino una grande hambre en aquella provincia, y comenzóle á faltar.
15Y fué y se llegó á uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió á su hacienda para que apacentase los puercos.
16Y deseaba henchir su vientre de las algarrobas que comían los puercos; mas nadie se las daba.
17Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre!
18Me levantaré, é iré á mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo, y contra ti;
19Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como á uno de tus jornaleros.
20Y levantándose, vino á su padre. Y como aun estuviese lejos, viólo su padre, y fué movido á misericordia, y corrió, y echóse sobre su cuello, y besóle.
21Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo, y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo.
22Mas el padre dijo á sus siervos: Sacad el principal vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y zapatos en sus pies.
23Y traed el becerro grueso, y matadlo, y comamos, y hagamos fiesta:
24Porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; habíase perdido, y es hallado. Y comenzaron á regocijarse.
25Y su hijo el mayor estaba en el campo; el cual como vino, y llegó cerca de casa, oyó la sinfonía y las danzas;
26Y llamando á uno de los criados, preguntóle qué era aquello.
27Y él le dijo: Tu hermano ha venido; y tu padre ha muerto el becerro grueso, por haberle recibido salvo.
28Entonces se enojó, y no quería entrar. Salió por tanto su padre, y le rogaba que entrase.
29Mas él respondiendo, dijo al padre: He aquí tantos años te sirvo, no habiendo traspasado jamás tu mandamiento, y nunca me has dado un cabrito para gozarme con mis amigos:
30Mas cuando vino éste tu hijo, que ha consumido tu hacienda con rameras, has matado para él el becerro grueso.
31El entonces le dijo: Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas.
32Mas era menester hacer fiesta y holgarnos, porque este tu hermano muerto era, y ha revivido; habíase perdido, y es hallado.
Reina-Valera 1909