En Lucas 15:20 el hijo perdido todavía está lejos en el camino cuando su padre lo ve. El padre siente una gran compasión por él, corre hacia él, lo abraza y lo besa. Hace todo esto antes de que el hijo pueda pedir perdón. Jesús contó esta historia para mostrar cómo es Dios.
A quién le hablaba Jesús
La historia está en el Evangelio de Lucas, capítulo 15. Los cobradores de impuestos y la gente llamada pecadora seguían viniendo a oír a Jesús. Los fariseos y los maestros de la ley murmuraban por eso. Decían que este hombre recibe a los pecadores y come con ellos. Así que Jesús les contó tres historias seguidas: una oveja perdida, una moneda perdida y un hijo perdido.
El hijo en el camino
Un hijo menor le pidió a su padre su parte del dinero de la familia antes de tiempo. Se fue de casa y se lo gastó todo. Luego vino el hambre a esa tierra. Consiguió trabajo cuidando cerdos, y tenía tanta hambre que quería comerse su comida.
Así que preparó un discurso. Diría que había pecado, y pediría que lo recibieran como jornalero. Luego emprendió el camino a casa.
Y levantándose, vino á su padre. Y como aun estuviese lejos, viólo su padre, y fué movido á misericordia, y corrió, y echóse sobre su cuello, y besóle.
Lucas 15:20 · Reina-Valera 1909
Por qué importa que corriera
En ese lugar y ese tiempo, un hombre mayor y respetado no corría. Tendría que levantarse la túnica larga para hacerlo. El padre corrió de todos modos, todo el camino, delante de todo el pueblo.
El hijo comenzó su discurso. Nunca llegó a la parte del jornalero. El padre se volvió a sus siervos y pidió el mejor vestido, un anillo, zapatos y un banquete.
Lo que significa
No hubo pago. No hubo sacrificio. No hubo tiempo de espera. El hijo no se ganó el regreso. El padre ya estaba mirando el camino.
Así es Dios, en la historia que Jesús les contó a unos hombres enojados por la gente con la que él comía. Si llevas mucho tiempo lejos, él está mirando el camino esperándote.
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Lee el capítulo completo: Lucas 15
1Y SE llegaban á él todos los publicanos y pecadores á oirle.
2Y murmuraban los Fariseos y los escribas, diciendo: Este á los pecadores recibe, y con ellos come.
3Y él les propuso esta parábola, diciendo:
4¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si perdiere una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va á la que se perdió, hasta que la halle?
5Y hallada, la pone sobre sus hombros gozoso;
6Y viniendo á casa, junta á los amigos y á los vecinos, diciéndoles: Dadme el parabién, porque he hallado mi oveja que se había perdido.
7Os digo, que así habrá más gozo en el cielo de un pecador que se arrepiente, que de noventa y nueve justos, que no necesitan arrepentimiento.
8¿O qué mujer que tiene diez dracmas, si perdiere una dracma, no enciende el candil, y barre la casa, y busca con diligencia hasta hallarla?
9Y cuando la hubiere hallado, junta las amigas y las vecinas, diciendo: Dadme el parabién, porque he hallado la dracma que había perdido.
10Así os digo que hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente.
11Y dijo: Un hombre tenía dos hijos;
12Y el menor de ellos dijo á su padre: Padre, dame la parte de la hacienda que me pertenece: y les repartió la hacienda.
13Y no muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, partió lejos á una provincia apartada; y allí desperdició su hacienda viviendo perdidamente.
14Y cuando todo lo hubo malgastado, vino una grande hambre en aquella provincia, y comenzóle á faltar.
15Y fué y se llegó á uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió á su hacienda para que apacentase los puercos.
16Y deseaba henchir su vientre de las algarrobas que comían los puercos; mas nadie se las daba.
17Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre!
18Me levantaré, é iré á mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo, y contra ti;
19Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como á uno de tus jornaleros.
20Y levantándose, vino á su padre. Y como aun estuviese lejos, viólo su padre, y fué movido á misericordia, y corrió, y echóse sobre su cuello, y besóle.
21Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo, y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo.
22Mas el padre dijo á sus siervos: Sacad el principal vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y zapatos en sus pies.
23Y traed el becerro grueso, y matadlo, y comamos, y hagamos fiesta:
24Porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; habíase perdido, y es hallado. Y comenzaron á regocijarse.
25Y su hijo el mayor estaba en el campo; el cual como vino, y llegó cerca de casa, oyó la sinfonía y las danzas;
26Y llamando á uno de los criados, preguntóle qué era aquello.
27Y él le dijo: Tu hermano ha venido; y tu padre ha muerto el becerro grueso, por haberle recibido salvo.
28Entonces se enojó, y no quería entrar. Salió por tanto su padre, y le rogaba que entrase.
29Mas él respondiendo, dijo al padre: He aquí tantos años te sirvo, no habiendo traspasado jamás tu mandamiento, y nunca me has dado un cabrito para gozarme con mis amigos:
30Mas cuando vino éste tu hijo, que ha consumido tu hacienda con rameras, has matado para él el becerro grueso.
31El entonces le dijo: Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas.
32Mas era menester hacer fiesta y holgarnos, porque este tu hermano muerto era, y ha revivido; habíase perdido, y es hallado.
Reina-Valera 1909