Jesús les dijo esto a los escribas y fariseos, los maestros preparados en la ley. Jesús dijo que estos hombres eran como tumbas pintadas de blanco, limpias y brillantes por fuera, llenas de huesos de muertos por dentro. Los llamó hipócritas en público, porque parecían santos pero no lo eran.
Era la última semana antes de que Jesús muriera. Estaba en los patios del templo en Jerusalén, y una multitud lo escuchaba. El Evangelio de Mateo, en el capítulo 23, guarda una larga lista de advertencias que dijo contra los escribas y los fariseos.
Los escribas eran hombres preparados que copiaban y enseñaban la ley. Los fariseos eran un grupo de maestros religiosos. Eran líderes respetados. La gente los buscaba para aprender a vivir.
Tumbas pintadas
Un sepulcro es una tumba. Algunas tumbas se pintaban de blanco. Por fuera, una tumba blanca se veía limpia y brillante. Por dentro guardaba huesos de muertos.
¡Ay de vosotros, escribas y Fariseos, hipócritas! porque sois semejantes á sepulcros blanqueados, que de fuera, á la verdad, se muestran hermosos, mas de dentro están llenos de huesos de muertos y de toda suciedad.
Mateo 23:27 · Reina-Valera 1909
En la línea siguiente lo dijo claramente. Por fuera se veían bien ante todos, y por dentro estaban llenos de hipocresía.
Hacia dónde apuntó
Jesús usó palabras duras. Llamó hipócritas a estos hombres en su cara, delante de la multitud. Pero importa quién las oyó. No los extranjeros. No los pecadores. No los pobres. Sus palabras más duras siempre fueron para los líderes con influencia, la gente que les decía a todos los demás cómo vivir.
Nunca les dio a los de afuera un nombre para menospreciarlos. Guardó su enojo para los de arriba que usaban la religión para aparentar.
Lo que significa
Parecer santo no es lo mismo que ser bueno. Y nadie está por encima de que le digan la verdad, menos los que mandan.
Si alguna vez te avergonzó gente que por fuera parecía perfecta, Jesús veía a través de ellos. Puedes leer gratis la enseñanza completa en la app Mercy.
Lee el capítulo completo: Mateo 23
1ENTONCES habló Jesús á las gentes y á sus discípulos,
2Diciendo: Sobre la cátedra de Moisés se sentaron los escribas y los Fariseos:
3Así que, todo lo que os dijeren que guardéis, guardadlo y hacedlo; mas no hagáis conforme á sus obras: porque dicen, y no hacen.
4Porque atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre los hombros de los hombres; mas ni aun con su dedo las quieren mover.
5Antes, todas sus obras hacen para ser mirados de los hombres; porque ensanchan sus filacterias, y extienden los flecos de sus mantos;
6Y aman los primeros asientos en las cenas, y las primeras sillas en las sinagogas;
7Y las salutaciones en las plazas, y ser llamados de los hombres Rabbí, Rabbí.
8Mas vosotros, no queráis ser llamados Rabbí; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo; y todos vosotros sois hermanos.
9Y vuestro padre no llaméis á nadie en la tierra; porque uno es vuestro Padre, el cual está en los cielos.
10Ni seáis llamados maestros; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo.
11El que es el mayor de vosotros, sea vuestro siervo.
12Porque el que se ensalzare, será humillado; y el que se humillare, será ensalzado.
13Mas ¡ay de vosotros, escribas y Fariseos, hipócritas! porque cerráis el reino de los cielos delante de los hombres; que ni vosotros entráis, ni á los que están entrando dejáis entrar.
14¡Ay de vosotros, escribas y Fariseos, hipócritas! porque coméis las casas de las viudas, y por pretexto hacéis larga oración: por esto llevaréis más grave juicio.
15¡Ay de vosotros, escribas y Fariseos, hipócritas! porque rodeáis la mar y la tierra por hacer un prosélito; y cuando fuere hecho, le hacéis hijo del infierno doble más que vosotros.
16¡Ay de vosotros, guías ciegos! que decís: Cualquiera que jurare por el templo es nada; mas cualquiera que jurare por el oro del templo, deudor es.
17¡Insensatos y ciegos! porque ¿cuál es mayor, el oro, ó el templo que santifica al oro?
18Y: Cualquiera que jurare por el altar, es nada; mas cualquiera que jurare por el presente que está sobre él, deudor es.
19¡Necios y ciegos! porque, ¿cuál es mayor, el presente, ó el altar que santifica al presente?
20Pues el que jurare por el altar, jura por él, y por todo lo que está sobre él;
21Y el que jurare por el templo, jura por él, y por Aquél que habita en él;
22Y el que jura por el cielo, jura por el trono de Dios, y por Aquél que está sentado sobre él.
23¡Ay de vosotros, escribas y Fariseos, hipócritas! porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino, y dejasteis lo que es lo más grave de la ley, es á saber, el juicio y la misericordia y la fe: esto era menester hacer, y no dejar lo otro.
24¡Guías ciegos, que coláis el mosquito, mas tragáis el camello!
25¡Ay de vosotros, escribas y Fariseos, hipócritas! porque limpiáis lo que está de fuera del vaso y del plato; mas de dentro están llenos de robo y de injusticia.
26¡Fariseo ciego, limpia primero lo de dentro del vaso y del plato, para que también lo de fuera se haga limpio!
27¡Ay de vosotros, escribas y Fariseos, hipócritas! porque sois semejantes á sepulcros blanqueados, que de fuera, á la verdad, se muestran hermosos, mas de dentro están llenos de huesos de muertos y de toda suciedad.
28Así también vosotros de fuera, á la verdad, os mostráis justos á los hombres; mas de dentro, llenos estáis de hipocresía é iniquidad.
29¡Ay de vosotros, escribas y Fariseos, hipócritas! porque edificáis los sepulcros de los profetas, y adornáis los monumentos de los justos,
30Y decís: Si fuéramos en los días de nuestros padres, no hubiéramos sido sus compañeros en la sangre de los profetas.
31Así que, testimonio dais á vosotros mismos, que sois hijos de aquellos que mataron á los profetas.
32¡Vosotros también henchid la medida de vuestros padres!
33¡Serpientes, generación de víboras! ¿cómo evitaréis el juicio del infierno?
34Por tanto, he aquí, yo envío á vosotros profetas, y sabios, y escribas: y de ellos, á unos mataréis y crucificaréis, y á otros de ellos azotaréis en vuestras sinagogas, y perseguiréis de ciudad en ciudad:
35Para que venga sobre vosotros toda la sangre justa que se ha derramado sobre la tierra, desde la sangre de Abel el justo, hasta la sangre de Zacarías, hijo de Barachîas, al cual matasteis entre el templo y el altar.
36De cierto os digo que todo esto vendrá sobre esta generación.
37¡Jerusalem, Jerusalem, que matas á los profetas, y apedreas á los que son enviados á ti! ¡cuántas veces quise juntar tus hijos, como la gallina junta sus pollos debajo de las alas, y no quisiste!
38He aquí vuestra casa os es dejada desierta.
39Porque os digo que desde ahora no me veréis, hasta que digáis: Bendito el que viene en el nombre del Señor.
Reina-Valera 1909