Jesús dijo esto después de volcar las mesas de los cambistas en el templo de Jerusalén. Los vendedores se habían puesto en el patio de afuera, el único lugar donde los de afuera podían venir a orar. Jesús citó al profeta Isaías. La casa de Dios era para todas las naciones. Ellos habían llenado el lugar de los de afuera con compras y ventas.
El Evangelio de Marcos cuenta esto en el capítulo 11, el día después de que Jesús entró montado en Jerusalén. Entró al templo, el edificio más santo que tenía su pueblo. En el patio de afuera, unos hombres vendían animales para las ofrendas y cambiaban dinero para el impuesto del templo.
Volcó las mesas del dinero. Tumbó las sillas de los que vendían palomas. El Evangelio de Marcos agrega un detalle pequeño. No dejaba que nadie pasara mercancía por el patio. Por una tarde, la compra y venta se detuvo.
Lo que dijo
Luego les dijo por qué. Usó palabras de dos profetas antiguos.
Y les enseñaba diciendo: ¿No está escrito que mi casa, casa de oración será llamada por todas las gentes? Mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones.
Marcos 11:17 · Reina-Valera 1909
La primera parte viene de Isaías, un profeta que vivió unos setecientos años antes. La segunda parte, "cueva de ladrones", viene de Jeremías, otro profeta, que la usó para la gente que hacía el mal y luego corría al templo para sentirse segura.
Las palabras que se quedaron fuera
Los Evangelios de Mateo y de Lucas cuentan esta misma historia. Los dos terminan en "casa de oración". Solo el Evangelio de Marcos guarda "por todas las gentes".
Ese patio de afuera era el único lugar donde los extranjeros y los de afuera podían venir a orar. Justo ahí era donde los vendedores habían puesto sus mesas. A la gente más lejos del centro le tocó el ruido y el mercado.
Lo que significa
Jesús se enojó por el de afuera. La casa de Dios nunca fue para un solo grupo. Era para todos, y los que estaban en la orilla eran los que más le importaban.
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Lee el capítulo completo: Marcos 11
1Y COMO fueron cerca de Jerusalem, de Bethphagé, y de Bethania, al monte de las Olivas, envía dos de sus discípulos,
2Y les dice: Id al lugar que está delante de vosotros, y luego entrados en él, hallaréis un pollino atado, sobre el cual ningún hombre ha subido; desatadlo y traedlo.
3Y si alguien os dijere: ¿Por qué hacéis eso? decid que el Señor lo ha menester: y luego lo enviará acá.
4Y fueron, y hallaron el pollino atado á la puerta fuera, entre dos caminos; y le desataron.
5Y unos de los que estaban allí, les dijeron: ¿Qué hacéis desatando el pollino?
6Ellos entonces les dijeron como Jesús había mandado: y los dejaron.
7Y trajeron el pollino á Jesús, y echaron sobre él sus vestidos, y se sentó sobre él.
8Y muchos tendían sus vestidos por el camino, y otros cortaban hojas de los árboles, y las tendían por el camino.
9Y los que iban delante, y los que iban detrás, daban voces diciendo: ¡Hosanna! Bendito el que viene en el nombre del Señor.
10Bendito el reino de nuestro padre David que viene: ¡Hosanna en las alturas!
11Y entró Jesús en Jerusalem, y en el templo: y habiendo mirado alrededor todas las cosas, y siendo ya tarde, salióse á Bethania con los doce.
12Y el día siguiente, como salieron de Bethania, tuvo hambre.
13Y viendo de lejos una higuera que tenía hojas, se acercó, si quizá hallaría en ella algo: y como vino á ella, nada halló sino hojas; porque no era tiempo de higos.
14Entonces Jesús respondiendo, dijo á la higuera: Nunca más coma nadie fruto de ti para siempre. Y lo oyeron sus discípulos.
15Vienen, pues, á Jerusalem; y entrando Jesús en el templo, comenzó á echar fuera á los que vendían y compraban en el templo; y trastornó las mesas de los cambistas, y las sillas de los que vendían palomas;
16Y no consentía que alguien llevase vaso por el templo.
17Y les enseñaba diciendo: ¿No está escrito que mi casa, casa de oración será llamada por todas las gentes? Mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones.
18Y lo oyeron los escribas y los príncipes de los sacerdotes, y procuraban cómo le matarían; porque le tenían miedo, por cuanto todo el pueblo estaba maravillado de su doctrina.
19Mas como fué tarde, Jesús salió de la ciudad.
20Y pasando por la mañana, vieron que la higuera se había secado desde las raíces.
21Entonces Pedro acordándose, le dice: Maestro, he aquí la higuera que maldijiste, se ha secado.
22Y respondiendo Jesús, les dice: Tened fe en Dios.
23Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere á este monte: Quítate, y échate en la mar, y no dudare en su corazón, mas creyere que será hecho lo que dice, lo que dijere le será hecho.
24Por tanto, os digo que todo lo que orando pidiereis, creed que lo recibiréis, y os vendrá.
25Y cuando estuviereis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que vuestro Padre que está en los cielos os perdone también á vosotros vuestras ofensas.
26Porque si vosotros no perdonareis, tampoco vuestro Padre que está en los cielos os perdonará vuestras ofensas.
27Y volvieron á Jerusalem; y andando él por el templo, vienen á él los príncipes de los sacerdotes, y los escribas, y los ancianos;
28Y le dicen: ¿Con qué facultad haces estas cosas? ¿y quién te ha dado esta facultad para hacer estas cosas?
29Y Jesús respondiendo entonces, les dice: Os preguntaré también yo una palabra; y respondedme, y os diré con qué facultad hago estas cosas:
30El bautismo de Juan, ¿era del cielo, ó de los hombres? Respondedme.
31Entonces ellos pensaron dentro de sí, diciendo: Si dijéremos, del cielo, dirá: ¿Por qué, pues, no le creísteis?
32Y si dijéremos, de los hombres, tememos al pueblo: porque todos juzgaban de Juan, que verdaderamente era profeta.
33Y respondiendo, dicen á Jesús: No sabemos. Entonces respondiendo Jesús, les dice: Tampoco yo os diré con qué facultad hago estas cosas.
Reina-Valera 1909