En Lucas 13:12-13, Jesús está enseñando en una sinagoga en sábado. Ve a una mujer que llevaba dieciocho años encorvada. La llama al frente, le dice que está libre y pone las manos sobre ella. Ella se endereza al instante y glorifica a Dios. Él lo hizo en el día de descanso, en público.
Era sábado, el día de descanso. Jesús estaba enseñando en una sinagoga, la casa de reunión donde la gente se juntaba para orar y oír la lectura de los libros antiguos. El Evangelio de Lucas cuenta esto en el capítulo 13.
Había allí una mujer que llevaba dieciocho años encorvada. No se podía enderezar para nada. Llevaba dieciocho años mirando al suelo. Veía los pies de la gente, no sus caras.
Ella no le pidió nada a Jesús. Él la vio.
Y como Jesús la vió, llamóla, y díjole: Mujer, libre eres de tu enfermedad. Y puso las manos sobre ella; y luego se enderezó, y glorificaba á Dios.
Lucas 13:12-13 · Reina-Valera 1909
No esperó
Libre quiere decir suelta, liberada. Enfermedad aquí quiere decir debilidad. Jesús la llamó al frente, en medio de todos, y la sanó allí mismo.
Era el único día de la semana en que las reglas decían que no se hiciera esta clase de trabajo. Él lo sabía. Lo hizo de todos modos, en voz alta, delante de todo el lugar.
Ella se enderezó
Por primera vez en dieciocho años, se paró derecha y miró a la gente a la cara. Y lo primero que hizo fue darle gracias a Dios.
Lo que vino después
El principal de esa sinagoga se enojó. No le habló a Jesús. Se volvió a la gente y les dijo que había seis días para venir a ser sanados, pero no en sábado. Jesús lo llamó hipócrita en su cara.
Lo que significa
Jesús no quiso hacerla esperar un día más. Para él, una mujer con dolor importaba más que una regla sobre un día. Si llevas mucho tiempo esperando, encorvado bajo algo pesado, él te ve.
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Lee el capítulo completo: Lucas 13
1Y EN este mismo tiempo estaban allí unos que le contaban acerca de los Galileos, cuya sangre Pilato había mezclado con sus sacrificios.
2Y respondiendo Jesús, les dijo: ¿Pensáis que estos Galileos, porque han padecido tales cosas, hayan sido más pecadores que todos los Galileos?
3No, os digo; antes si no os arrepintiereis, todos pereceréis igualmente.
4O aquellos dieciocho, sobre los cuales cayó la torre en Siloé, y los mató, ¿pensáis que ellos fueron más deudores que todos los hombres que habitan en Jerusalem?
5No, os digo; antes si no os arrepintiereis, todos pereceréis asimismo.
6Y dijo esta parábola: Tenía uno una higuera plantada en su viña, y vino á buscar fruto en ella, y no lo halló.
7Y dijo al viñero: He aquí tres años ha que vengo á buscar fruto en esta higuera, y no lo hallo; córtala, ¿por qué ocupará aún la tierra?
8El entonces respondiendo, le dijo: Señor, déjala aún este año, hasta que la excave, y estercole.
9Y si hiciere fruto, bien; y si no, la cortarás después.
10Y enseñaba en una sinagoga en sábado.
11Y he aquí una mujer que tenía espíritu de enfermedad dieciocho años, y andaba agobiada, que en ninguna manera se podía enhestar.
12Y como Jesús la vió, llamóla, y díjole: Mujer, libre eres de tu enfermedad.
13Y puso las manos sobre ella; y luego se enderezó, y glorificaba á Dios.
14Y respondiendo el príncipe de la sinagoga, enojado de que Jesús hubiese curado en sábado, dijo á la compañía: Seis días hay en que es necesario obrar: en estos, pues, venid y sed curados, y no en día de sábado.
15Entonces el Señor le respondió, y dijo: Hipócrita, cada uno de vosotros ¿no desata en sábado su buey ó su asno del pesebre, y lo lleva á beber?
16Y á esta hija de Abraham, que he aquí Satanás la había ligado dieciocho años, ¿no convino desatarla de esta ligadura en día de sábado?
17Y diciendo estas cosas, se avergonzaban todos sus adversarios: mas todo el pueblo se gozaba de todas las cosas gloriosas que eran por él hechas.
18Y dijo: ¿A qué es semejante el reino de Dios, y á qué le compararé?
19Semejante es al grano de la mostaza, que tomándolo un hombre lo metió en su huerto; y creció, y fué hecho árbol grande, y las aves del cielo hicieron nidos en sus ramas.
20Y otra vez dijo: ¿A qué compararé el reino de Dios?
21Semejante es á la levadura, que tomó una mujer, y la escondió en tres medidas de harina, hasta que todo hubo fermentado.
22Y pasaba por todas las ciudades y aldeas, enseñando, y caminando á Jerusalem.
23Y díjole uno: Señor, ¿son pocos los que se salvan? Y él les dijo:
24Porfiad á entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán entrar, y no podrán.
25Después que el padre de familia se levantare, y cerrare la puerta, y comenzareis á estar fuera, y llamar á la puerta, diciendo: Señor, Señor, ábrenos; y respondiendo os dirá: No os conozco de dónde seáis.
26Entonces comenzaréis á decir: Delante de ti hemos comido y bebido, y en nuestras plazas enseñaste;
27Y os dirá: Dígoos que no os conozco de dónde seáis; apartaos de mí todos los obreros de iniquidad.
28Allí será el llanto y el crujir de dientes, cuando viereis á Abraham, y á Isaac, y á Jacob, y á todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros excluídos.
29Y vendrán del Oriente y del Occidente, del Norte y del Mediodía, y se sentarán á la mesa en el reino de Dios.
30Y he aquí, son postreros los que eran los primeros; y son primeros los que eran los postreros.
31Aquel mismo día llegaron unos de los Fariseos, diciéndole: Sal, y vete de aquí, porque Herodes te quiere matar.
32Y les dijo: Id, y decid á aquella zorra: He aquí, echo fuera demonios y acabo sanidades hoy y mañana, y al tercer día soy consumado.
33Empero es menester que hoy, y mañana, y pasado mañana camine; porque no es posible que profeta muera fuera de Jerusalem.
34¡Jerusalem, Jerusalem! que matas á los profetas, y apedreas á los que son enviados á ti: ¡cuántas veces quise juntar tus hijos, como la gallina sus pollos debajo de sus alas, y no quisiste!
35He aquí, os es dejada vuestra casa desierta: y os digo que no me veréis, hasta que venga tiempo cuando digáis: Bendito el que viene en nombre del Señor.
Reina-Valera 1909