Un joven camina por un camino polvoriento hacia la granja donde creció. Tiene la ropa rota y huele a los cerdos que ha estado alimentando. Ha gastado cada moneda que le dio su padre, y lleva un pequeño discurso preparado, porque está seguro de que su padre estará enojado. Pero mucho antes de que llegue a la puerta, un anciano levanta la vista desde la granja, lo ve de lejos, y echa a correr.
Jesús contó esa historia, y toda la lección está dentro de ella. Dios ama a cada uno de sus hijos, y envió a Jesús para que cada uno de nosotros pudiera volver a casa con él. Nos quiere a todos. Y Jesús, que conocía al Padre mejor que nadie, dijo claramente que no todos lo lograremos. Las dos cosas son verdad al mismo tiempo, y cuando las sostienes juntas, encuentras a un Padre que nunca deja de correr hacia ti.
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