Hace unos cien años, en 1928, un campesino estaba arando su campo en la costa de Siria cuando el arado chocó con una losa de piedra. Debajo de la losa había una tumba antigua. Cuando vinieron excavadores a mirar, encontraron cerca toda una ciudad enterrada, llamada Ugarit. Dentro había salas llenas de tablillas de barro que habían estado a oscuras más de tres mil años, y las tablillas estaban llenas de oraciones y poemas sobre los dioses que amaba la gente de allí. Por primera vez en todos esos años, quienes oraban a esos dioses podían contarnos de ellos con sus propias palabras.
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