La cirugía es solo el comienzo. Después vienen días o semanas de dolor, de debilidad y de no poder hacer cosas de todos los días: levantar una olla, manejar, subir escaleras, bañar a un niño. Casi toda la ayuda llega en los primeros días y luego se acaba, justo cuando la persona se cansa de pedir. Muchos de nosotros hemos querido ir a ver a alguien después de su operación y se nos ha olvidado.
Jesús contó una historia que muestra cómo es la ayuda que dura.
El segundo día
En la historia del buen samaritano que contó Jesús, unos ladrones golpearon a un hombre y lo dejaron medio muerto junto al camino. Pasaron de largo dos hombres religiosos. Luego un samaritano, un hombre de la región vecina, cuyo pueblo tenía un largo pleito con la gente que escuchaba a Jesús, se detuvo. Le vendó las heridas al hombre, lo subió a su propio animal, lo llevó a una posada y lo cuidó toda la noche.
Pero la historia no termina esa noche. El Evangelio de Lucas, uno de los cuatro relatos de la vida de Jesús, cuenta lo que hizo el samaritano a la mañana siguiente.
Y otro día al partir, sacó dos denarios, y diólos al huésped, y le dijo: Cuídamele; y todo lo que de más gastares, yo cuando vuelva te lo pagaré.
Lucas 10:35 · Reina-Valera 1909
Pagó para que lo siguieran cuidando. Se aseguró de que alguien siguiera atendiendo al hombre. Y prometió volver.
Así es la buena ayuda después de una cirugía. No solo el primer día. También los días que siguen.
Maneras de ayudar
Organiza un calendario de comidas. Reparte las comidas en dos o tres semanas, no todas en los primeros días. Pregunta si tiene que evitar algún alimento.
Llévalo en carro. A sus citas de control, a la terapia física o a la farmacia. Tal vez no pueda manejar durante semanas.
Haz las tareas pesadas. La ropa, las compras, la basura, pasar la aspiradora, el jardín, cualquier cosa que tenga que ver con cargar o agacharse.
Ayuda con las mascotas y los niños. Saca a pasear al perro, dale de comer al gato o llévate a los niños una tarde.
Recoge sus medicinas. Y ayúdalo a llevar la cuenta de cuándo tomarlas, si él quiere.
Visítalo, pero que sea corto. La compañía ayuda, pero el descanso ayuda más. Llama antes.
Pregunta cómo está después de la primera semana. Ahí es cuando casi toda la ayuda se acaba y la recuperación se puede sentir larga y solitaria.
Vuelve
El samaritano dijo que volvería, y esa promesa importaba. Si conoces a alguien que se está recuperando de una cirugía, tú puedes ser quien sigue volviendo. Un mensaje en la tercera semana que diga "¿Qué necesitas esta semana?" puede ser lo que más signifique.