Versículos · Mateo 5:45

¿Qué significa Mateo 5:45?

45Para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos: que hace que su sol salga sobre malos y buenos, y llueve sobre justos é injustos.

Mateo 5:45 · Reina-Valera 1909

En Mateo 5:45 Jesús explica por qué debemos amar a nuestros enemigos. Dios hace salir el sol sobre buenos y malos. Manda lluvia sobre justos e injustos. Dios no separa a la gente en amigos y enemigos, así que sus hijos tampoco deben hacerlo. Amar a un enemigo es actuar como tu Padre.

Jesús le estaba enseñando a una gran multitud en una ladera de Galilea. El Evangelio de Mateo lo cuenta en el capítulo 5 y lo llama el Sermón del Monte. Acababa de decirles algo difícil. Amen a sus enemigos. Bendigan a los que los maldicen. Oren por los que los tratan mal.

Luego les dio la razón.

Señaló el cielo

Para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos: que hace que su sol salga sobre malos y buenos, y llueve sobre justos é injustos.

Mateo 5:45 · Reina-Valera 1909

El sol no sale sobre el campo del campesino bondadoso y se salta el del cruel. La lluvia no se detiene en la cerca entre dos vecinos. La mañana llega para todos.

Si Dios escogiera bandos, el clima lo mostraría. No lo hace.

Lo que significa

Por mucho tiempo, la gente creyó que Dios peleaba por su lado. Que Dios odiaba a quien ellos odiaban. Que Dios quería ver derrotados a sus enemigos. Ejércitos de los dos lados de una guerra le oraban al mismo Dios y le pedían ganar.

Jesús mostró un Padre diferente. Un Padre que quiere el bien para todos, el amigo y el enemigo por igual. Así que cuando Jesús dice ama a tu enemigo, no te está pidiendo ser más duro contigo mismo. Te está pidiendo que te parezcas a tu Padre.

Puedes escoger querer el bien para alguien antes de que tu corazón te alcance.

Si hay alguien a quien te cuesta perdonar, puedes comenzar con poco. Puedes leer gratis la enseñanza completa en la app Mercy.

Lee el capítulo completo: Mateo 5

1Y VIENDO las gentes, subió al monte; y sentándose, se llegaron á él sus discípulos.

2Y abriendo su boca, les enseñaba, diciendo:

3Bienaventurados los pobres en espíritu: porque de ellos es el reino de los cielos.

4Bienaventurados los que lloran: porque ellos recibirán consolación.

5Bienaventurados los mansos: porque ellos recibirán la tierra por heredad.

6Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia: porque ellos serán hartos.

7Bienaventurados los misericordiosos: porque ellos alcanzarán misericordia.

8Bienaventurados los de limpio corazón: porque ellos verán á Dios.

9Bienaventurados los pacificadores: porque ellos serán llamados hijos de Dios.

10Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia: porque de ellos es el reino de los cielos.

11Bienaventurados sois cuando os vituperaren y os persiguieren, y dijeren de vosotros todo mal por mi causa, mintiendo.

12Gozaos y alegraos; porque vuestra merced es grande en los cielos: que así persiguieron á los profetas que fueron antes de vosotros.

13Vosotros sois la sal de la tierra: y si la sal se desvaneciere ¿con qué será salada? no vale más para nada, sino para ser echada fuera y hollada de los hombres.

14Vosotros sois la luz del mundo: una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder.

15Ni se enciende una lámpara y se pone debajo de un almud, mas sobre el candelero, y alumbra á todos los que están en casa.

16Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras obras buenas, y glorifiquen á vuestro Padre que está en los cielos.

17No penséis que he venido para abrogar la ley ó los profetas: no he venido para abrogar, sino á cumplir.

18Porque de cierto os digo, que hasta que perezca el cielo y la tierra, ni una jota ni un tilde perecerá de la ley, hasta que todas las cosas sean hechas.

19De manera que cualquiera que infringiere uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñare á los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos: mas cualquiera que hiciere y enseñare, éste será llamado grande en el reino de los cielos.

20Porque os digo, que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y de los Fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.

21Oísteis que fué dicho á los antiguos: No matarás; mas cualquiera que matare, será culpado del juicio.

22Mas yo os digo, que cualquiera que se enojare locamente con su hermano, será culpado del juicio; y cualquiera que dijere á su hermano, Raca, será culpado del concejo; y cualquiera que dijere, Fatuo, será culpado del infierno del fuego.

23Por tanto, si trajeres tu presente al altar, y allí te acordares de que tu hermano tiene algo contra ti,

24Deja allí tu presente delante del altar, y vete, vuelve primero en amistad con tu hermano, y entonces ven y ofrece tu presente.

25Concíliate con tu adversario presto, entre tanto que estás con él en el camino; porque no acontezca que el adversario te entregue al juez, y el juez te entregue al alguacil, y seas echado en prisión.

26De cierto te digo, que no saldrás de allí, hasta que pagues el último cuadrante.

27Oísteis que fué dicho: No adulterarás:

28Mas yo os digo, que cualquiera que mira á una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón.

29Por tanto, si tu ojo derecho te fuere ocasión de caer, sácalo, y échalo de ti: que mejor te es que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo sea echado al infierno.

30Y si tu mano derecha te fuere ocasión de caer, córtala, y échala de ti: que mejor te es que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo sea echado al infierno.

31También fué dicho: Cualquiera que repudiare á su mujer, déle carta de divorcio:

32Mas yo os digo, que el que repudiare á su mujer, fuera de causa de fornicación, hace que ella adultere; y el que se casare con la repudiada, comete adulterio.

33Además habéis oído que fué dicho á los antiguos: No te perjurarás; mas pagarás al Señor tus juramentos.

34Mas yo os digo: No juréis en ninguna manera: ni por el cielo, porque es el trono de Dios;

35Ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalem, porque es la ciudad del gran Rey.

36Ni por tu cabeza jurarás, porque no puedes hacer un cabello blanco ó negro.

37Mas sea vuestro hablar: Sí, sí; No, no; porque lo que es más de esto, de mal procede.

38Oísteis que fué dicho á los antiguos: Ojo por ojo, y diente por diente.

39Mas yo os digo: No resistáis al mal; antes á cualquiera que te hiriere en tu mejilla diestra, vuélvele también la otra;

40Y al que quisiere ponerte á pleito y tomarte tu ropa, déjale también la capa;

41Y á cualquiera que te cargare por una milla, ve con él dos.

42Al que te pidiere, dale; y al que quisiere tomar de ti prestado, no se lo rehuses.

43Oísteis que fué dicho: Amarás á tu prójimo, y aborrecerás á tu enemigo.

44Mas yo os digo: Amad á vuestros enemigos, bendecid á los que os maldicen, haced bien á los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen;

45Para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos: que hace que su sol salga sobre malos y buenos, y llueve sobre justos é injustos.

46Porque si amareis á los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿no hacen también lo mismo los publicanos?

47Y si abrazareis á vuestros hermanos solamente, ¿qué hacéis de más? ¿no hacen también así los Gentiles?

48Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.

Reina-Valera 1909

La app Mercy

Cada enseñanza, cada versículo, gratis.

Una oración cada mañana, enseñanzas sencillas sobre lo que dijo Jesús y vecinos que se ayudan. Sin anuncios.

Recibe un aviso el día que Mercy esté lista