Versículos · Lucas 9:54

¿Los discípulos de Jesús quisieron hacer bajar fuego del cielo?

54Y viendo esto sus discípulos Jacobo y Juan, dijeron: Señor, ¿quieres que mandemos que descienda fuego del cielo, y los consuma, como hizo Elías?

Lucas 9:54 · Reina-Valera 1909

Sí. En Lucas 9:54, Jacobo y Juan le preguntaron a Jesús si debían mandar que bajara fuego del cielo para quemar una aldea samaritana que no quiso recibirlo. Tenían en mente una historia antigua sobre el profeta Elías. Jesús los reprendió. Rechazó la idea de que Dios quemaría alguna vez a la gente.

Jesús iba camino a Jerusalén. Mandó hombres adelante a una aldea de Samaria, la tierra entre Galilea y Jerusalén, para buscar dónde quedarse. La aldea no lo quiso recibir.

Dos de sus seguidores más cercanos eran hermanos, Jacobo y Juan. Volvieron con una propuesta.

Y viendo esto sus discípulos Jacobo y Juan, dijeron: Señor, ¿quieres que mandemos que descienda fuego del cielo, y los consuma, como hizo Elías?

Lucas 9:54 · Reina-Valera 1909

La historia antigua que tenían en mente

Elías fue un profeta, un hombre que hablaba de parte de Dios, unos ochocientos cincuenta años antes de Jesús. En el libro de 2 Reyes, capítulo 1, vinieron soldados a llevarse a Elías, y él hizo bajar fuego del cielo sobre ellos.

Jacobo y Juan conocían esa historia. Creían que Dios obra así. Alguien te insulta, y Dios lo quema.

Las últimas palabras, "como hizo Elías", están en la Reina-Valera pero no en las copias más antiguas de Lucas. De cualquier manera, los hermanos querían fuego.

Lo que dijo Jesús

Se volvió y los reprendió, con dureza. Luego todos caminaron a otra aldea.

Esa fue su respuesta a la historia de Elías. No la copió. La dejó a un lado. No quemaría a nadie, y no dejaría que sus amigos pensaran que su Padre lo haría.

Lo que significa

Dios no castiga con fuego a la gente por rechazarlo. A la gente que rechazó a Jesús ese día la dejaron en paz. Si alguna vez te enseñaron a tenerle miedo a un Dios que quema a la gente, Jesús mostró un Padre diferente.

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Lee el capítulo completo: Lucas 9

1Y JUNTANDO á sus doce discípulos, les dió virtud y potestad sobre todos los demonios, y que sanasen enfermedades.

2Y los envió á que predicasen el reino de Dios, y que sanasen á los enfermos.

3Y les dice: No toméis nada para el camino, ni báculo, ni alforja, ni pan, ni dinero; ni tengáis dos vestidos cada uno.

4Y en cualquiera casa en que entrareis, quedad allí, y de allí salid.

5Y todos los que no os recibieren, saliéndoos de aquella ciudad, aun el polvo sacudid de vuestros pies en testimonio contra ellos.

6Y saliendo, rodeaban por todas las aldeas, anunciando el evangelio, y sanando por todas partes.

7Y oyó Herodes el tetrarca todas las cosas que hacía; y estaba en duda, porque decían algunos: Juan ha resucitado de los muertos;

8Y otros: Elías ha aparecido; y otros: Algún profeta de los antiguos ha resucitado.

9Y dijo Herodes: A Juan yo degollé: ¿quién pues será éste, de quien yo oigo tales cosas? Y procuraba verle.

10Y vueltos los apóstoles, le contaron todas las cosas que habían hecho. Y tomándolos, se retiró aparte á un lugar desierto de la ciudad que se llama Bethsaida.

11Y como lo entendieron las gentes, le siguieron; y él las recibió, y les hablaba del reino de Dios, y sanaba á los que tenían necesidad de cura.

12Y el día había comenzado á declinar; y llegándose los doce, le dijeron: Despide á las gentes, para que yendo á las aldeas y heredades de alrededor, procedan á alojarse y hallen viandas; porque aquí estamos en lugar desierto.

13Y les dice: Dadles vosotros de comer. Y dijeron ellos: No tenemos más que cinco panes y dos pescados, si no vamos nosotros á comprar viandas para toda esta compañía.

14Y eran como cinco mil hombres. Entonces dijo á sus discípulos: Hacedlos sentar en ranchos, de cincuenta en cincuenta.

15Y así lo hicieron, haciéndolos sentar á todos.

16Y tomando los cinco panes y los dos pescados, mirando al cielo los bendijo, y partió, y dió á sus discípulos para que pusiesen delante de las gentes.

17Y comieron todos, y se hartaron; y alzaron lo que les sobró, doce cestos de pedazos.

18Y aconteció que estando él solo orando, estaban con él los discípulos; y les preguntó diciendo: ¿Quién dicen las gentes que soy?

19Y ellos respondieron, y dijeron: Juan el Bautista; y otros, Elías; y otros, que algún profeta de los antiguos ha resucitado.

20Y les dijo: ¿Y vosotros, quién decís que soy? Entonces respondiendo Simón Pedro, dijo: El Cristo de Dios.

21Mas él, conminándolos, mandó que á nadie dijesen esto;

22Diciendo: Es necesario que el Hijo del hombre padezca muchas cosas, y sea desechado de los ancianos, y de los príncipes de los sacerdotes, y de los escribas, y que sea muerto, y resucite al tercer día.

23Y decía á todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese á sí mismo, y tome su cruz cada día, y sígame.

24Porque cualquiera que quisiere salvar su vida, la perderá; y cualquiera que perdiere su vida por causa de mí, éste la salvará.

25Porque ¿qué aprovecha al hombre, si granjeare todo el mundo, y se pierda él á sí mismo, ó corra peligro de sí?

26Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras, de este tal el Hijo del hombre se avergonzará cuando viniere en su gloria, y del Padre, y de los santos ángeles.

27Y os digo en verdad, que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte, hasta que vean el reino de Dios.

28Y aconteció como ocho días después de estas palabras, que tomó á Pedro y á Juan y á Jacobo, y subió al monte á orar.

29Y entre tanto que oraba, la apariencia de su rostro se hizo otra, y su vestido blanco y resplandeciente.

30Y he aquí dos varones que hablaban con él, los cuales eran Moisés y Elías;

31Que aparecieron en majestad, y hablaban de su salida, la cual había de cumplir en Jerusalem.

32Y Pedro y los que estaban con él, estaban cargados de sueño: y como despertaron, vieron su majestad, y á aquellos dos varones que estaban con él.

33Y aconteció, que apartándose ellos de él, Pedro dice á Jesús: Maestro, bien es que nos quedemos aquí: y hagamos tres pabellones, uno para ti, y uno para Moisés, y uno para Elías; no sabiendo lo que se decía.

34Y estando él hablando esto, vino una nube que los cubrió; y tuvieron temor, entrando ellos en la nube.

35Y vino una voz de la nube, que decía: Este es mi Hijo amado; á él oid.

36Y pasada aquella voz, Jesús fué hallado solo: y ellos callaron; y por aquellos días no dijeron nada á nadie de lo que habían visto.

37Y aconteció al día siguiente, que apartándose ellos del monte, gran compañía les salió al encuentro.

38Y he aquí, un hombre de la compañía clamó, diciendo: Maestro, ruégote que veas á mi hijo; que es el único que tengo:

39Y he aquí un espíritu le toma, y de repente da voces; y le despedaza y hace echar espuma, y apenas se aparta de él quebrantándole.

40Y rogué á tus discípulos que le echasen fuera, y no pudieron.

41Y respondiendo Jesús, dice: ¡Oh generación infiel y perversa! ¿hasta cuándo tengo de estar con vosotros, y os sufriré? Trae tu hijo acá.

42Y como aun se acercaba, el demonio le derribó y despedazó: mas Jesús increpó al espíritu inmundo, y sanó al muchacho, y se lo volvió á su padre.

43Y todos estaban atónitos de la grandeza de Dios. Y maravillándose todos de todas las cosas que hacía, dijo á sus discípulos:

44Poned vosotros en vuestros oídos estas palabras; porque ha de acontecer que el Hijo del hombre será entregado en manos de hombres.

45Mas ellos no entendían esta palabra, y les era encubierta para que no la entendiesen; y temían preguntarle de esta palabra.

46Entonces entraron en disputa, cuál de ellos sería el mayor.

47Mas Jesús, viendo los pensamientos del corazón de ellos, tomó un niño, y púsole junto á sí,

48Y les dice: Cualquiera que recibiere este niño en mi nombre, á mí recibe; y cualquiera que me recibiere á mí, recibe al que me envió; porque el que fuere el menor entre todos vosotros, éste será el grande.

49Entonces respondiendo Juan, dijo: Maestro, hemos visto á uno que echaba fuera demonios en tu nombre; y se lo prohibimos, porque no sigue con nosotros.

50Jesús le dijo: No se lo prohibáis; porque el que no es contra nosotros, por nosotros es.

51Y aconteció que, como se cumplió el tiempo en que había de ser recibido arriba, él afirmó su rostro para ir á Jerusalem.

52Y envió mensajeros delante de sí, los cuales fueron y entraron en una ciudad de los Samaritanos, para prevenirle.

53Mas no le recibieron, porque era su traza de ir á Jerusalem.

54Y viendo esto sus discípulos Jacobo y Juan, dijeron: Señor, ¿quieres que mandemos que descienda fuego del cielo, y los consuma, como hizo Elías?

55Entonces volviéndose él, los reprendió, diciendo: Vosotros no sabéis de qué espíritu sois;

56Porque el Hijo del hombre no ha venido para perder las almas de los hombres, sino para salvarlas. Y se fueron á otra aldea.

57Y aconteció que yendo ellos, uno le dijo en el camino: Señor, te seguiré donde quiera que fueres.

58Y le dijo Jesús: Las zorras tienen cuevas, y las aves de los cielos nidos; mas el Hijo del hombre no tiene donde recline la cabeza.

59Y dijo á otro: Sígueme. Y él dijo: Señor, déjame que primero vaya y entierre á mi padre.

60Y Jesús le dijo: Deja los muertos que entierren á sus muertos; y tú, ve, y anuncia el reino de Dios.

61Entonces también dijo otro: Te seguiré, Señor; mas déjame que me despida primero de los que están en mi casa.

62Y Jesús le dijo: Ninguno que poniendo su mano al arado mira atrás, es apto para el reino de Dios.

Reina-Valera 1909

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