Versículos · Mateo 5:39

¿Qué significa "poner la otra mejilla" en Mateo 5:39?

39Mas yo os digo: No resistáis al mal; antes á cualquiera que te hiriere en tu mejilla diestra, vuélvele también la otra;

Mateo 5:39 · Reina-Valera 1909

En el Sermón del Monte, Jesús citó la ley antigua de Moisés: ojo por ojo, y diente por diente. Luego dijo: "Mas yo os digo". Si alguien te hiere en la mejilla derecha, vuélvele también la otra. La regla antigua ponía un límite a la revancha. Jesús pidió que no hubiera revancha.

La regla antigua

Esto es del Sermón del Monte, en el Evangelio de Mateo, capítulo 5. Jesús le estaba enseñando a una multitud en un monte de Galilea.

Comenzó con una regla que todos conocían. Está escrita tres veces en los libros de Moisés: "Ojo por ojo, y diente por diente". Si alguien te lastimaba, se te permitía lastimarlo a él en la misma medida. La regla marcaba cuánta revancha se permitía.

La dejó a un lado, en voz alta

Luego Jesús dijo esto.

Mas yo os digo: No resistáis al mal; antes á cualquiera que te hiriere en tu mejilla diestra, vuélvele también la otra;

Mateo 5:39 · Reina-Valera 1909

Dio más ejemplos. Si alguien te lleva a juicio por tu túnica, dale también tu capa. Si alguien te obliga a ir una milla, ve dos.

"Oísteis." "Mas yo os digo." Jesús le leyó la ley de Moisés a una multitud, y luego puso su propia palabra en su lugar. Lo hizo en público, a propósito.

La regla antigua preguntaba cuánto podías devolver. Jesús dijo: no devuelvas nada. Una regla que viniera de Dios no necesitaría ser cambiada. Esta no vino de Dios.

Lo que significa

Unas líneas después, Jesús le dijo a la misma multitud que amara a sus enemigos y orara por los que la lastimaban. Dijo que así actuarían como su Padre, que manda lluvia sobre todos.

Esto no se trata de dejar que el daño siga. Se trata de cortar la cadena de desquitarse. Jesús lo vivió él mismo. Cuando lo golpearon en su juicio, no devolvió el golpe.

Si cargas el peso de querer desquitarte, Jesús te ofrece la libertad de soltarlo.

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Lee el capítulo completo: Mateo 5

1Y VIENDO las gentes, subió al monte; y sentándose, se llegaron á él sus discípulos.

2Y abriendo su boca, les enseñaba, diciendo:

3Bienaventurados los pobres en espíritu: porque de ellos es el reino de los cielos.

4Bienaventurados los que lloran: porque ellos recibirán consolación.

5Bienaventurados los mansos: porque ellos recibirán la tierra por heredad.

6Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia: porque ellos serán hartos.

7Bienaventurados los misericordiosos: porque ellos alcanzarán misericordia.

8Bienaventurados los de limpio corazón: porque ellos verán á Dios.

9Bienaventurados los pacificadores: porque ellos serán llamados hijos de Dios.

10Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia: porque de ellos es el reino de los cielos.

11Bienaventurados sois cuando os vituperaren y os persiguieren, y dijeren de vosotros todo mal por mi causa, mintiendo.

12Gozaos y alegraos; porque vuestra merced es grande en los cielos: que así persiguieron á los profetas que fueron antes de vosotros.

13Vosotros sois la sal de la tierra: y si la sal se desvaneciere ¿con qué será salada? no vale más para nada, sino para ser echada fuera y hollada de los hombres.

14Vosotros sois la luz del mundo: una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder.

15Ni se enciende una lámpara y se pone debajo de un almud, mas sobre el candelero, y alumbra á todos los que están en casa.

16Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras obras buenas, y glorifiquen á vuestro Padre que está en los cielos.

17No penséis que he venido para abrogar la ley ó los profetas: no he venido para abrogar, sino á cumplir.

18Porque de cierto os digo, que hasta que perezca el cielo y la tierra, ni una jota ni un tilde perecerá de la ley, hasta que todas las cosas sean hechas.

19De manera que cualquiera que infringiere uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñare á los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos: mas cualquiera que hiciere y enseñare, éste será llamado grande en el reino de los cielos.

20Porque os digo, que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y de los Fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.

21Oísteis que fué dicho á los antiguos: No matarás; mas cualquiera que matare, será culpado del juicio.

22Mas yo os digo, que cualquiera que se enojare locamente con su hermano, será culpado del juicio; y cualquiera que dijere á su hermano, Raca, será culpado del concejo; y cualquiera que dijere, Fatuo, será culpado del infierno del fuego.

23Por tanto, si trajeres tu presente al altar, y allí te acordares de que tu hermano tiene algo contra ti,

24Deja allí tu presente delante del altar, y vete, vuelve primero en amistad con tu hermano, y entonces ven y ofrece tu presente.

25Concíliate con tu adversario presto, entre tanto que estás con él en el camino; porque no acontezca que el adversario te entregue al juez, y el juez te entregue al alguacil, y seas echado en prisión.

26De cierto te digo, que no saldrás de allí, hasta que pagues el último cuadrante.

27Oísteis que fué dicho: No adulterarás:

28Mas yo os digo, que cualquiera que mira á una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón.

29Por tanto, si tu ojo derecho te fuere ocasión de caer, sácalo, y échalo de ti: que mejor te es que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo sea echado al infierno.

30Y si tu mano derecha te fuere ocasión de caer, córtala, y échala de ti: que mejor te es que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo sea echado al infierno.

31También fué dicho: Cualquiera que repudiare á su mujer, déle carta de divorcio:

32Mas yo os digo, que el que repudiare á su mujer, fuera de causa de fornicación, hace que ella adultere; y el que se casare con la repudiada, comete adulterio.

33Además habéis oído que fué dicho á los antiguos: No te perjurarás; mas pagarás al Señor tus juramentos.

34Mas yo os digo: No juréis en ninguna manera: ni por el cielo, porque es el trono de Dios;

35Ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalem, porque es la ciudad del gran Rey.

36Ni por tu cabeza jurarás, porque no puedes hacer un cabello blanco ó negro.

37Mas sea vuestro hablar: Sí, sí; No, no; porque lo que es más de esto, de mal procede.

38Oísteis que fué dicho á los antiguos: Ojo por ojo, y diente por diente.

39Mas yo os digo: No resistáis al mal; antes á cualquiera que te hiriere en tu mejilla diestra, vuélvele también la otra;

40Y al que quisiere ponerte á pleito y tomarte tu ropa, déjale también la capa;

41Y á cualquiera que te cargare por una milla, ve con él dos.

42Al que te pidiere, dale; y al que quisiere tomar de ti prestado, no se lo rehuses.

43Oísteis que fué dicho: Amarás á tu prójimo, y aborrecerás á tu enemigo.

44Mas yo os digo: Amad á vuestros enemigos, bendecid á los que os maldicen, haced bien á los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen;

45Para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos: que hace que su sol salga sobre malos y buenos, y llueve sobre justos é injustos.

46Porque si amareis á los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿no hacen también lo mismo los publicanos?

47Y si abrazareis á vuestros hermanos solamente, ¿qué hacéis de más? ¿no hacen también así los Gentiles?

48Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.

Reina-Valera 1909

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