Una mujer llevaba doce años sangrando. Según la ley antigua, eso la hacía impura, y también a cualquiera que ella tocara. Se abrió paso entre la multitud, tocó la ropa de Jesús y quedó sana. Jesús se detuvo, la encontró y la llamó "Hija". Le dio paz en público en vez de culpa.
Camino a una niña que se moría
La historia está en el Evangelio de Marcos, capítulo 5. Jairo, un principal de la sinagoga del lugar, le había rogado a Jesús que viniera a sanar a su hijita, que se estaba muriendo. Jesús fue con él. Una gran multitud los apretaba por todos lados.
En esa multitud había una mujer que llevaba doce años sangrando. Había ido con muchos médicos y había gastado todo su dinero, y solo había empeorado. Según la ley de Moisés, su sangrado la hacía impura. Cualquiera que ella tocara también quedaba impuro.
Pensó: si tan solo toco su ropa, quedaré sana. Se le acercó por detrás entre la multitud y tocó su manto. Al instante se detuvo el sangrado.
No dejó que quedara en secreto
Jesús se detuvo y se dio la vuelta. Preguntó: "¿Quién ha tocado mis vestidos?". A sus seguidores les pareció una pregunta tonta con tanta gente apretándolo. Pero él siguió buscando.
La mujer se acercó, temblando de miedo. Cayó a sus pies y le dijo toda la verdad. Pensaba que estaba en problemas.
Y él le dijo: Hija, tu fe te ha hecho salva: ve en paz, y queda sana de tu azote.
Marcos 5:34 · Reina-Valera 1909
Lo que significa
Su primera palabra para ella fue Hija, una palabra de familia. No la regañó por tocarlo. No la mandó a lavarse. Le dijo que su confianza la había sanado, y le dijo que fuera en paz.
Lo hizo público a propósito. Ahora toda la multitud sabía que ella estaba sana y era bienvenida. Luego siguió a la casa de Jairo y resucitó a su niña.
Si te han tratado como alguien a quien hay que evitar, Jesús se dio la vuelta en una multitud para llamar familia a esa mujer.
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Lee el capítulo completo: Marcos 5
1Y VINIERON de la otra parte de la mar á la provincia de los Gadarenos.
2Y salido él del barco, luego le salió al encuentro, de los sepulcros, un hombre con un espíritu inmundo,
3Que tenía domicilio en los sepulcros, y ni aun con cadenas le podía alguien atar;
4Porque muchas veces había sido atado con grillos y cadenas, mas las cadenas habían sido hechas pedazos por él, y los grillos desmenuzados; y nadie le podía domar.
5Y siempre, de día y de noche, andaba dando voces en los montes y en los sepulcros, é hiriéndose con las piedras.
6Y como vió á Jesús de lejos, corrió, y le adoró.
7Y clamando á gran voz, dijo: ¿Qué tienes conmigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? Te conjuro por Dios que no me atormentes.
8Porque le decía: Sal de este hombre, espíritu inmundo.
9Y le preguntó: ¿Cómo te llamas? Y respondió diciendo: Legión me llamo; porque somos muchos.
10Y le rogaba mucho que no le enviase fuera de aquella provincia.
11Y estaba allí cerca del monte una grande manada de puercos paciendo.
12Y le rogaron todos los demonios, diciendo: Envíanos á los puercos para que entremos en ellos.
13Y luego Jesús se lo permitió. Y saliendo aquellos espíritus inmundos, entraron en los puercos, y la manada cayó por un despeñadero en la mar; los cuales eran como dos mil; y en la mar se ahogaron.
14Y los que apacentaban los puercos huyeron, y dieron aviso en la ciudad y en los campos. Y salieron para ver qué era aquello que había acontecido.
15Y vienen á Jesús, y ven al que había sido atormentado del demonio, y que había tenido la legión, sentado y vestido, y en su juicio cabal; y tuvieron miedo.
16Y les contaron los que lo habían visto, cómo había acontecido al que había tenido el demonio, y lo de los puercos.
17Y comenzaron á rogarle que se fuese de los términos de ellos.
18Y entrando él en el barco, le rogaba el que había sido fatigado del demonio, para estar con él.
19Mas Jesús no le permitió, sino le dijo: Vete á tu casa, á los tuyos, y cuéntales cuán grandes cosas el Señor ha hecho contigo, y cómo ha tenido misericordia de ti.
20Y se fué, y comenzó á publicar en Decápolis cuán grandes cosas Jesús había hecho con él: y todos se maravillaban.
21Y pasando otra vez Jesús en un barco á la otra parte, se juntó á él gran compañía; y estaba junto á la mar.
22Y vino uno de los príncipes de la sinagoga, llamado Jairo; y luego que le vió, se postró á sus pies,
23Y le rogaba mucho, diciendo: Mi hija está á la muerte: ven y pondrás las manos sobre ella para que sea salva, y vivirá.
24Y fué con él, y le seguía gran compañía, y le apretaban.
25Y una mujer que estaba con flujo de sangre doce años hacía,
26Y había sufrido mucho de muchos médicos, y había gastado todo lo que tenía, y nada había aprovechado, antes le iba peor,
27Como oyó hablar de Jesús, llegó por detrás entre la compañía, y tocó su vestido.
28Porque decía: Si tocare tan solamente su vestido, seré salva.
29Y luego la fuente de su sangre se secó; y sintió en el cuerpo que estaba sana de aquel azote.
30Y luego Jesús, conociendo en sí mismo la virtud que había salido de él, volviéndose á la compañía, dijo: ¿Quién ha tocado mis vestidos?
31Y le dijeron sus discípulos: Ves que la multitud te aprieta, y dices: ¿Quién me ha tocado?
32Y él miraba alrededor para ver á la que había hecho esto.
33Entonces la mujer, temiendo y temblando, sabiendo lo que en sí había sido hecho, vino y se postró delante de él, y le dijo toda la verdad.
34Y él le dijo: Hija, tu fe te ha hecho salva: ve en paz, y queda sana de tu azote.
35Hablando aún él, vinieron de casa del príncipe de la sinagoga, diciendo: Tu hija es muerta; ¿para qué fatigas más al Maestro?
36Mas luego Jesús, oyendo esta razón que se decía, dijo al príncipe de la sinagoga: No temas, cree solamente.
37Y no permitió que alguno viniese tras él sino Pedro, y Jacobo, y Juan hermano de Jacobo.
38Y vino á casa del príncipe de la sinagoga, y vió el alboroto, los que lloraban y gemían mucho.
39Y entrando, les dice: ¿Por qué alborotáis y lloráis? La muchacha no es muerta, mas duerme.
40Y hacían burla de él: mas él, echados fuera todos, toma al padre y á la madre de la muchacha, y á los que estaban con él, y entra donde la muchacha estaba.
41Y tomando la mano de la muchacha, le dice: Talitha cumi; que es, si lo interpretares: Muchacha, á ti digo, levántate.
42Y luego la muchacha se levantó, y andaba; porque tenía doce años. Y se espantaron de grande espanto.
43Mas él les mandó mucho que nadie lo supiese, y dijo que le diesen de comer.
Reina-Valera 1909