Versículos · Juan 2:3

¿Qué significa Juan 2:3?

3Y faltando el vino, la madre de Jesús le dijo: Vino no tienen.

Juan 2:3 · Reina-Valera 1909

En una boda en Caná se acabó el vino, y María le dijo a Jesús: No tienen vino. Quedarse sin vino era una gran vergüenza para la familia. Jesús respondió convirtiendo el agua en vino. Su primer milagro en el Evangelio de Juan fue sobre la alegría y sobre salvar a una familia de la vergüenza.

El Evangelio de Juan cuenta esto en el capítulo 2. Hubo una boda en Caná, un pueblo pequeño de Galilea. Jesús estaba allí con su madre, María, y sus amigos.

Una boda en ese tiempo no era una sola noche. La fiesta duraba días, y venía todo el pueblo. Se esperaba que la familia que la hacía tuviera comida y vino para todos todo el tiempo.

Se acabó el vino

Y faltando el vino, la madre de Jesús le dijo: Vino no tienen.

Juan 2:3 · Reina-Valera 1909

Es una frase corta, y era una verdadera emergencia. Quedarse sin vino en tu propia boda era una vergüenza que la gente recordaría por años. La familia estaba a punto de quedar en ridículo delante de todos los que conocía.

María no le pidió a Jesús nada grande. Solo le dijo lo que pasaba. Luego les dijo a los sirvientes que hicieran todo lo que él dijera.

Lo que hizo Jesús

Cerca había seis tinajas grandes de piedra. Guardaban el agua que la gente usaba para lavarse antes de comer, para estar limpios según las reglas religiosas. Jesús les dijo a los sirvientes que las llenaran de agua hasta arriba. Cuando sacaron un poco, era vino.

Lo que significa

De todas las maneras en que Jesús pudo haber comenzado, este es el primer milagro que cuenta el Evangelio de Juan. No es una tormenta ni una batalla. Es una familia en apuros en una fiesta, y Jesús metiéndose para que la alegría siguiera. A Dios también le importan los problemas pequeños.

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Lee el capítulo completo: Juan 2

1Y AL tercer día hiciéronse unas bodas en Caná de Galilea; y estaba allí la madre de Jesús.

2Y fué también llamado Jesús y sus discípulos á las bodas.

3Y faltando el vino, la madre de Jesús le dijo: Vino no tienen.

4Y dícele Jesús: ¿Qué tengo yo contigo, mujer? aun no ha venido mi hora.

5Su madre dice á los que servían: Haced todo lo que os dijere.

6Y estaban allí seis tinajuelas de piedra para agua, conforme á la purificación de los Judíos, que cabían en cada una dos ó tres cántaros.

7Díceles Jesús: Henchid estas tinajuelas de agua. E hinchiéronlas hasta arriba.

8Y díceles: Sacad ahora, y presentad al maestresala. Y presentáronle.

9Y como el maestresala gustó el agua hecha vino, que no sabía de dónde era (mas lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua), el maestresala llama al esposo,

10Y dícele: Todo hombre pone primero el buen vino, y cuando están satisfechos, entonces lo que es peor; mas tú has guardado el buen vino hasta ahora.

11Este principio de señales hizo Jesús en Caná de Galilea, y manifestó su gloria; y sus discípulos creyeron en él.

12Después de esto descendió á Capernaum, él, y su madre, y hermanos, y discípulos; y estuvieron allí no muchos días.

13Y estaba cerca la Pascua de los Judíos; y subió Jesús á Jerusalem.

14Y halló en el templo á los que vendían bueyes, y ovejas, y palomas, y á los cambiadores sentados.

15Y hecho un azote de cuerdas, echólos á todos del templo, y las ovejas, y los bueyes; y derramó los dineros de los cambiadores, y trastornó las mesas;

16Y á los que vendían las palomas, dijo: Quitad de aquí esto, y no hagáis la casa de mi Padre casa de mercado.

17Entonces se acordaron sus discípulos que está escrito: El celo de tu casa me comió.

18Y los Judíos respondieron, y dijéronle: ¿Qué señal nos muestras de que haces esto?

19Respondió Jesús, y díjoles: Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.

20Dijeron luego los Judíos: En cuarenta y seis años fué este templo edificado, ¿y tú en tres días lo levantarás?

21Mas él hablaba del templo de su cuerpo.

22Por tanto, cuando resucitó de los muertos, sus discípulos se acordaron que había dicho esto; y creyeron á la Escritura, y á la palabra que Jesús había dicho.

23Y estando en Jerusalem en la Pascua, en el día de la fiesta, muchos creyeron en su nombre, viendo las señales que hacía.

24Mas el mismo Jesús no se confiaba á sí mismo de ellos, porque él conocía á todos,

25Y no tenía necesidad que alguien le diese testimonio del hombre; porque él sabía lo que había en el hombre.

Reina-Valera 1909

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