La preocupación cansa. Se nos mete en la cama de noche y se despierta antes que nosotros. Muchos además sentimos vergüenza por ella, como si un buen cristiano no tuviera que preocuparse tanto.
Hay una historia en la que Jesús habló con una amiga preocupada, y la manera en que lo hizo es muy tierna.
Una cocina llena de trabajo
Jesús tenía amigos en una aldea cerca de Jerusalén. Dos de ellos eran hermanas, Marta y María. Un día Jesús llegó a su casa, y Marta lo recibió.
Luego Marta se puso a trabajar. Había comida que preparar y una casa llena de invitados. Iba y venía sin parar.
Su hermana María no la ayudaba. María estaba sentada en el suelo cerca de Jesús, escuchándolo hablar.
Marta se fue enojando cada vez más. Al final se acercó a Jesús y le dijo: «Señor, ¿no tienes cuidado que mi hermana me deja servir sola? Dile pues, que me ayude.»
Lo que dijo Jesús
El Evangelio de Lucas, uno de los cuatro relatos de la vida de Jesús, nos cuenta lo que él dijo. Le respondió con ternura. Dijo su nombre dos veces, como le hablas a alguien que quieres.
Pero respondiendo Jesús, le dijo: Marta, Marta, cuidadosa estás, y con las muchas cosas estás turbada
Lucas 10:41 · Reina-Valera 1909
En el español antiguo, «cuidadosa» quería decir llena de cuidados y de afanes. Él veía todo lo que ella cargaba. Después le dijo que una sola cosa era de verdad necesaria, y que María la había escogido. María había escogido estar con él.
Lo que significa para ti
Jesús no le dijo a Marta que su trabajo fuera malo. Cocinar para los invitados es algo bonito. Pero él veía que la preocupación se había adueñado de ella, y la estaba alejando de la persona a quien ella misma le había abierto la puerta.
Si ahora mismo estás preocupado, Jesús te habla con ternura. Dice tu nombre como dijo el de ella. Y te invita a sentarte un momento, aunque los platos sigan en el fregadero. Puedes contarle lo que estás cargando. No tienes que cargarlo todo tú solo.