Versículos · Lucas 15:2

¿Qué significa Lucas 15:2?

2Y murmuraban los Fariseos y los escribas, diciendo: Este á los pecadores recibe, y con ellos come.

Lucas 15:2 · Reina-Valera 1909

Algunos fariseos y escribas se quejaron de que Jesús recibía a los pecadores y comía con ellos. Jesús no pidió disculpas. Respondió con tres historias, una oveja perdida, una moneda perdida y un hijo perdido, para mostrar que Dios corre hacia la gente que otros apartan.

El Evangelio de Lucas cuenta esto al principio del capítulo 15. Jesús estaba comiendo con cobradores de impuestos. Los cobradores de impuestos trabajaban para Roma. Le quitaban dinero a sus propios vecinos y se quedaban con una parte, y la mayoría de la gente los veía como traidores. Otros en la mesa eran los que los maestros religiosos llamaban pecadores.

Algunos fariseos y escribas estaban mirando. Los fariseos eran un grupo de maestros religiosos. Los escribas eran los estudiosos que copiaban y enseñaban la ley. Pensaban que un hombre santo debía mantenerse lejos de gente así.

La queja

Y murmuraban los Fariseos y los escribas, diciendo: Este á los pecadores recibe, y con ellos come.

Lucas 15:2 · Reina-Valera 1909

Lo decían como una acusación contra él. Recibe a esta gente. Hasta come con ellos.

Cómo respondió Jesús

Jesús no pidió perdón, y no se levantó de la mesa. Contó tres historias, una tras otra. Un pastor deja su rebaño para buscar una oveja perdida. Una mujer barre toda su casa para encontrar una moneda perdida. Luego un padre ve a su hijo perdido lejos en el camino y corre hacia él.

Cada historia termina con una fiesta. Algo perdido se encuentra, y todos celebran.

Lo que significa

La queja era cierta. Sí recibía a los pecadores, y sí comía con ellos. Así es Dios. No espera a que la gente se limpie antes de sentarse con ella. Él llega primero a la mesa.

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Lee el capítulo completo: Lucas 15

1Y SE llegaban á él todos los publicanos y pecadores á oirle.

2Y murmuraban los Fariseos y los escribas, diciendo: Este á los pecadores recibe, y con ellos come.

3Y él les propuso esta parábola, diciendo:

4¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si perdiere una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va á la que se perdió, hasta que la halle?

5Y hallada, la pone sobre sus hombros gozoso;

6Y viniendo á casa, junta á los amigos y á los vecinos, diciéndoles: Dadme el parabién, porque he hallado mi oveja que se había perdido.

7Os digo, que así habrá más gozo en el cielo de un pecador que se arrepiente, que de noventa y nueve justos, que no necesitan arrepentimiento.

8¿O qué mujer que tiene diez dracmas, si perdiere una dracma, no enciende el candil, y barre la casa, y busca con diligencia hasta hallarla?

9Y cuando la hubiere hallado, junta las amigas y las vecinas, diciendo: Dadme el parabién, porque he hallado la dracma que había perdido.

10Así os digo que hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente.

11Y dijo: Un hombre tenía dos hijos;

12Y el menor de ellos dijo á su padre: Padre, dame la parte de la hacienda que me pertenece: y les repartió la hacienda.

13Y no muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, partió lejos á una provincia apartada; y allí desperdició su hacienda viviendo perdidamente.

14Y cuando todo lo hubo malgastado, vino una grande hambre en aquella provincia, y comenzóle á faltar.

15Y fué y se llegó á uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió á su hacienda para que apacentase los puercos.

16Y deseaba henchir su vientre de las algarrobas que comían los puercos; mas nadie se las daba.

17Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre!

18Me levantaré, é iré á mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo, y contra ti;

19Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como á uno de tus jornaleros.

20Y levantándose, vino á su padre. Y como aun estuviese lejos, viólo su padre, y fué movido á misericordia, y corrió, y echóse sobre su cuello, y besóle.

21Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo, y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo.

22Mas el padre dijo á sus siervos: Sacad el principal vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y zapatos en sus pies.

23Y traed el becerro grueso, y matadlo, y comamos, y hagamos fiesta:

24Porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; habíase perdido, y es hallado. Y comenzaron á regocijarse.

25Y su hijo el mayor estaba en el campo; el cual como vino, y llegó cerca de casa, oyó la sinfonía y las danzas;

26Y llamando á uno de los criados, preguntóle qué era aquello.

27Y él le dijo: Tu hermano ha venido; y tu padre ha muerto el becerro grueso, por haberle recibido salvo.

28Entonces se enojó, y no quería entrar. Salió por tanto su padre, y le rogaba que entrase.

29Mas él respondiendo, dijo al padre: He aquí tantos años te sirvo, no habiendo traspasado jamás tu mandamiento, y nunca me has dado un cabrito para gozarme con mis amigos:

30Mas cuando vino éste tu hijo, que ha consumido tu hacienda con rameras, has matado para él el becerro grueso.

31El entonces le dijo: Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas.

32Mas era menester hacer fiesta y holgarnos, porque este tu hermano muerto era, y ha revivido; habíase perdido, y es hallado.

Reina-Valera 1909

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