En Lucas 15:18-19, el hijo menor está sin dinero y muriéndose de hambre. Prepara un discurso para su padre: he pecado, no soy digno de ser tu hijo, hazme como a uno de tus jornaleros. Pensaba trabajar para pagar lo que debía. Su padre corrió hacia él antes de que pudiera terminar.
Jesús contó esta historia en el Evangelio de Lucas, capítulo 15. Los cobradores de impuestos y gente con mala fama se habían acercado a oírlo. Algunos fariseos y maestros de la ley murmuraban porque comía con ellos. Así que les contó tres historias de cosas perdidas. Esta es la tercera.
Un joven le pidió a su padre su parte del dinero de la familia. Se fue de casa y se lo gastó todo. Luego vino una hambruna. Consiguió trabajo cuidando cerdos, y tenía tanta hambre que quería comerse la comida de los cerdos.
Sentado en ese campo, pensó en su casa. Hasta los jornaleros de allá tenían pan de sobra. Así que hizo un plan, y ensayó lo que iba a decir.
Me levantaré, é iré á mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo, y contra ti; Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como á uno de tus jornaleros.
Lucas 15:18-19 · Reina-Valera 1909
Un trabajo, no un hijo
Un jornalero era un trabajador por día. Le pagaban, se iba a su casa en la noche y no era parte de la familia. El muchacho no estaba pidiendo volver como hijo. Estaba pidiendo un trabajo, para poder pagar poco a poco lo que había malgastado.
El discurso que nunca terminó
El padre lo vio cuando todavía estaba lejos. Corrió. Lo abrazó y lo besó. El muchacho comenzó su discurso, pero el padre lo interrumpió antes de que llegara a la parte del jornalero. Pidió un vestido, un anillo, zapatos y una fiesta.
Así describió Jesús a Dios. Sin plan de pagos. Sin trabajar para pagar la deuda. Solo un padre corriendo por el camino.
Si has estado ensayando tu propio discurso para Dios, él ya viene corriendo hacia ti.
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Lee el capítulo completo: Lucas 15
1Y SE llegaban á él todos los publicanos y pecadores á oirle.
2Y murmuraban los Fariseos y los escribas, diciendo: Este á los pecadores recibe, y con ellos come.
3Y él les propuso esta parábola, diciendo:
4¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si perdiere una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va á la que se perdió, hasta que la halle?
5Y hallada, la pone sobre sus hombros gozoso;
6Y viniendo á casa, junta á los amigos y á los vecinos, diciéndoles: Dadme el parabién, porque he hallado mi oveja que se había perdido.
7Os digo, que así habrá más gozo en el cielo de un pecador que se arrepiente, que de noventa y nueve justos, que no necesitan arrepentimiento.
8¿O qué mujer que tiene diez dracmas, si perdiere una dracma, no enciende el candil, y barre la casa, y busca con diligencia hasta hallarla?
9Y cuando la hubiere hallado, junta las amigas y las vecinas, diciendo: Dadme el parabién, porque he hallado la dracma que había perdido.
10Así os digo que hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente.
11Y dijo: Un hombre tenía dos hijos;
12Y el menor de ellos dijo á su padre: Padre, dame la parte de la hacienda que me pertenece: y les repartió la hacienda.
13Y no muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, partió lejos á una provincia apartada; y allí desperdició su hacienda viviendo perdidamente.
14Y cuando todo lo hubo malgastado, vino una grande hambre en aquella provincia, y comenzóle á faltar.
15Y fué y se llegó á uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió á su hacienda para que apacentase los puercos.
16Y deseaba henchir su vientre de las algarrobas que comían los puercos; mas nadie se las daba.
17Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre!
18Me levantaré, é iré á mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo, y contra ti;
19Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como á uno de tus jornaleros.
20Y levantándose, vino á su padre. Y como aun estuviese lejos, viólo su padre, y fué movido á misericordia, y corrió, y echóse sobre su cuello, y besóle.
21Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo, y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo.
22Mas el padre dijo á sus siervos: Sacad el principal vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y zapatos en sus pies.
23Y traed el becerro grueso, y matadlo, y comamos, y hagamos fiesta:
24Porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; habíase perdido, y es hallado. Y comenzaron á regocijarse.
25Y su hijo el mayor estaba en el campo; el cual como vino, y llegó cerca de casa, oyó la sinfonía y las danzas;
26Y llamando á uno de los criados, preguntóle qué era aquello.
27Y él le dijo: Tu hermano ha venido; y tu padre ha muerto el becerro grueso, por haberle recibido salvo.
28Entonces se enojó, y no quería entrar. Salió por tanto su padre, y le rogaba que entrase.
29Mas él respondiendo, dijo al padre: He aquí tantos años te sirvo, no habiendo traspasado jamás tu mandamiento, y nunca me has dado un cabrito para gozarme con mis amigos:
30Mas cuando vino éste tu hijo, que ha consumido tu hacienda con rameras, has matado para él el becerro grueso.
31El entonces le dijo: Hijo, tú siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas.
32Mas era menester hacer fiesta y holgarnos, porque este tu hermano muerto era, y ha revivido; habíase perdido, y es hallado.
Reina-Valera 1909