En Juan 4:22 se cuenta que Jesús le dijo a una mujer samaritana que la salvación viene de su propio pueblo. Esa línea no encaja con lo que Jesús hizo. En la misma charla dice que ningún monte importa, y hace que esta mujer extranjera sea la primera en oír que él es el Mesías. Sus acciones dicen que Dios es para todos.
Una charla junto a un pozo
El Evangelio de Juan cuenta esta historia en el capítulo 4. Jesús iba caminando por Samaria, la tierra entre Galilea al norte y Judea al sur, y cerca del mediodía se sentó junto a un pozo cerca de un pueblo llamado Sicar. Una mujer samaritana vino a sacar agua, él le pidió de beber, y los dos comenzaron a hablar.
Ella le hizo la vieja pregunta por la que su pueblo y el pueblo de él habían peleado durante cientos de años. Su pueblo adoraba en el monte Gerizim, y el pueblo de él decía que el único lugar correcto era el templo en Jerusalén. ¿Cuál tenía razón?
Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos: porque la salud viene de los Judíos.
Juan 4:22 · Reina-Valera 1909
Una línea que choca con lo que él hizo
Esta línea dice que la ayuda de Dios es primero para un solo pueblo. Pero todo lo que Jesús hace en esta historia dice lo contrario. Enseguida le dice que ha llegado la hora en que ningún monte importará, y que el Padre busca personas que lo adoren en espíritu y en verdad, estén donde estén. Unas líneas después le dice a esta mujer extranjera, antes que a casi nadie, que él es el Mesías. Ella vuelve a su pueblo, y muchos samaritanos creen gracias a ella.
Así que las palabras y las acciones no coinciden, y cuando no coinciden, seguimos lo que Jesús hizo. Él comió con los de afuera, sanó al siervo de un oficial romano y recibió a una madre extranjera que le rogaba por su hija. Nunca echó a nadie por el pueblo en que había nacido.
Por qué está esa línea
El Evangelio se escribió en un mundo donde cada pueblo le rezaba a su propio dios, y cada uno creía que su dios era solo para ellos. La persona que lo escribió también vivía en ese mundo. Esta línea muestra lo difícil que era, aun para quienes amaban a Jesús, entender del todo lo que él enseñaba: que Dios no es el Dios de una sola tribu, sino el Padre de todos.
Lo que significa para ti
No tienes que venir de la familia correcta, del pueblo correcto ni del monte correcto. Jesús se sentó junto a un pozo con una mujer a la que todos los demás tenían una razón para evitar, y le dio a ella primero la mejor noticia.
Puedes leer gratis la enseñanza completa en la app Mercy.
Lee el capítulo completo: Juan 4
1DE manera que como Jesús entendió que los Fariseos habían oído que Jesús hacía y bautizaba más discípulos que Juan,
2(Aunque Jesús no bautizaba, sino sus discípulos),
3Dejó á Judea, y fuése otra vez á Galilea.
4Y era menester que pasase por Samaria.
5Vino, pues, á una ciudad de Samaria que se llamaba Sichâr, junto á la heredad que Jacob dió á José su hijo.
6Y estaba allí la fuente de Jacob. Pues Jesús, cansado del camino, así se sentó á la fuente. Era como la hora de sexta.
7Vino una mujer de Samaria á sacar agua: y Jesús le dice: Dame de beber.
8(Porque sus discípulos habían ido á la ciudad á comprar de comer.)
9Y la mujer Samaritana le dice: ¿Cómo tú, siendo Judío, me pides á mí de beber, que soy mujer Samaritana? porque los Judíos no se tratan con los Samaritanos.
10Respondió Jesús y díjole: Si conocieses el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber: tú pedirías de él, y él te daría agua viva.
11La mujer le dice: Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo: ¿de dónde, pues, tienes el agua viva?
12¿Eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dió este pozo, del cual él bebió, y sus hijos, y sus ganados?
13Respondió Jesús y díjole: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá á tener sed;
14Mas el que bebiere del agua que yo le daré, para siempre no tendrá sed: mas el agua que yo le daré, será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.
15La mujer le dice: Señor, dame esta agua, para que no tenga sed, ni venga acá á sacarla.
16Jesús le dice: Ve, llama á tu marido, y ven acá.
17Respondió la mujer, y dijo: No tengo marido. Dícele Jesús: Bien has dicho, No tengo marido;
18Porque cinco maridos has tenido: y el que ahora tienes no es tu marido; esto has dicho con verdad.
19Dícele la mujer: Señor, paréceme que tú eres profeta.
20Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que en Jerusalem es el lugar donde es necesario adorar.
21Dícele Jesús: Mujer, créeme, que la hora viene, cuando ni en este monte, ni en Jerusalem adoraréis al Padre.
22Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos: porque la salud viene de los Judíos.
23Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren.
24Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.
25Dícele la mujer: Sé que el Mesías ha de venir, el cual se dice el Cristo: cuando él viniere nos declarará todas las cosas.
26Dícele Jesús: Yo soy, que hablo contigo.
27Y en esto vinieron sus discípulos, y maravilláronse de que hablaba con mujer; mas ninguno dijo: ¿Qué preguntas? ó, ¿Qué hablas con ella?
28Entonces la mujer dejó su cántaro, y fué á la ciudad, y dijo á aquellos hombres:
29Venid, ved un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho: ¿si quizás es éste el Cristo?
30Entonces salieron de la ciudad, y vinieron á él.
31Entre tanto los discípulos le rogaban, diciendo: Rabbí, come.
32Y él les dijo: Yo tengo una comida que comer, que vosotros no sabéis.
33Entonces los discípulos decían el uno al otro: ¿Si le habrá traído alguien de comer?
34Díceles Jesús: Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra.
35¿No decís vosotros: Aun hay cuatro meses hasta que llegue la siega? He aquí os digo: Alzad vuestros ojos, y mirad las regiones, porque ya están blancas para la siega.
36Y el que siega, recibe salario, y allega fruto para vida eterna; para que el que siembra también goce, y el que siega.
37Porque en esto es el dicho verdadero: Que uno es el que siembra, y otro es el que siega.
38Yo os he enviado á segar lo que vosotros no labrasteis: otros labraron, y vosotros habéis entrado en sus labores.
39Y muchos de los Samaritanos de aquella ciudad creyeron en él por la palabra de la mujer, que daba testimonio, diciendo: Que me dijo todo lo que he hecho.
40Viniendo pues los Samaritanos á él, rogáronle que se quedase allí: y se quedó allí dos días.
41Y creyeron muchos más por la palabra de él.
42Y decían á la mujer: Ya no creemos por tu dicho; porque nosotros mismos hemos oído, y sabemos que verdaderamente éste es el Salvador del mundo, el Cristo.
43Y dos días después, salió de allí, y fuése á Galilea.
44Porque el mismo Jesús dió testimonio de que el profeta en su tierra no tiene honra.
45Y como vino á Galilea, los Galileos le recibieron, vistas todas las cosas que había hecho en Jerusalem en el día de la fiesta: porque también ellos habían ido á la fiesta.
46Vino pues Jesús otra vez á Caná de Galilea, donde había hecho el vino del agua. Y había en Capernaum uno del rey, cuyo hijo estaba enfermo.
47Este, como oyó que Jesús venía de Judea á Galilea, fué á él, y rogábale que descendiese, y sanase á su hijo, porque se comenzaba á morir.
48Entonces Jesús le dijo: Si no viereis señales y milagros no creeréis.
49El del rey le dijo: Señor, desciende antes que mi hijo muera.
50Dícele Jesús: Ve, tu hijo vive. Y el hombre creyó á la palabra que Jesús le dijo, y se fué.
51Y cuando ya él descendía, los siervos le salieron á recibir, y le dieron nuevas, diciendo: Tu hijo vive.
52Entonces él les preguntó á qué hora comenzó á estar mejor. Y dijéronle: Ayer á las siete le dejó la fiebre.
53El padre entonces entendió, que aquella hora era cuando Jesús le dijo: Tu hijo vive; y creyó él y toda su casa.
54Esta segunda señal volvió Jesús á hacer, cuando vino de Judea á Galilea.
Reina-Valera 1909