Versículos · Juan 2:7

¿Qué significa Juan 2:7?

7Díceles Jesús: Henchid estas tinajuelas de agua. E hinchiéronlas hasta arriba.

Juan 2:7 · Reina-Valera 1909

En una boda en Caná se acabó el vino. Jesús les dijo a los sirvientes que llenaran de agua seis tinajas de piedra, hasta arriba. Esas tinajas guardaban el agua que la gente usaba para lavarse y quedar limpia según la regla religiosa. Jesús convirtió esa agua de lavado en el mejor vino de la fiesta. Su primer milagro usó las tinajas de limpieza.

Hubo una boda en Caná, una aldea de Galilea. Jesús estaba allí con su madre y sus amigos. A mitad de la fiesta, se acabó el vino. Para la familia, era una verdadera vergüenza.

Su madre les dijo a los sirvientes que hicieran todo lo que él dijera.

Las tinajas que escogió

En la casa había seis tinajas grandes de piedra. El Evangelio de Juan, capítulo 2, dice exactamente para qué eran: las reglas de lavado de ese tiempo. No eran tinajas de vino. Guardaban el agua que la gente usaba para lavarse antes de comer, para quedar limpia según la regla religiosa. Eran de piedra porque se confiaba en que la piedra se mantenía pura.

Esas son las tinajas que Jesús escogió.

Díceles Jesús: Henchid estas tinajuelas de agua. E hinchiéronlas hasta arriba.

Juan 2:7 · Reina-Valera 1909

Cada tinaja tenía unos ochenta a ciento veinte litros. Las seis juntas tenían mucho más de cuatrocientos litros. Los sirvientes echaron agua común. Cuando le llevaron un poco al encargado de la fiesta, era vino. Y no vino barato. El mejor de la noche.

Lo que significa

Su primer milagro tomó las tinajas de las reglas de limpieza y las llenó de vino para una fiesta. El agua para ponerte en regla se volvió un regalo para todos los de la mesa.

Eso es lo que Jesús siguió haciendo. No le pidió a la gente que se lavara para llegar a Dios. Trajo alegría en medio de las reglas.

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Lee el capítulo completo: Juan 2

1Y AL tercer día hiciéronse unas bodas en Caná de Galilea; y estaba allí la madre de Jesús.

2Y fué también llamado Jesús y sus discípulos á las bodas.

3Y faltando el vino, la madre de Jesús le dijo: Vino no tienen.

4Y dícele Jesús: ¿Qué tengo yo contigo, mujer? aun no ha venido mi hora.

5Su madre dice á los que servían: Haced todo lo que os dijere.

6Y estaban allí seis tinajuelas de piedra para agua, conforme á la purificación de los Judíos, que cabían en cada una dos ó tres cántaros.

7Díceles Jesús: Henchid estas tinajuelas de agua. E hinchiéronlas hasta arriba.

8Y díceles: Sacad ahora, y presentad al maestresala. Y presentáronle.

9Y como el maestresala gustó el agua hecha vino, que no sabía de dónde era (mas lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua), el maestresala llama al esposo,

10Y dícele: Todo hombre pone primero el buen vino, y cuando están satisfechos, entonces lo que es peor; mas tú has guardado el buen vino hasta ahora.

11Este principio de señales hizo Jesús en Caná de Galilea, y manifestó su gloria; y sus discípulos creyeron en él.

12Después de esto descendió á Capernaum, él, y su madre, y hermanos, y discípulos; y estuvieron allí no muchos días.

13Y estaba cerca la Pascua de los Judíos; y subió Jesús á Jerusalem.

14Y halló en el templo á los que vendían bueyes, y ovejas, y palomas, y á los cambiadores sentados.

15Y hecho un azote de cuerdas, echólos á todos del templo, y las ovejas, y los bueyes; y derramó los dineros de los cambiadores, y trastornó las mesas;

16Y á los que vendían las palomas, dijo: Quitad de aquí esto, y no hagáis la casa de mi Padre casa de mercado.

17Entonces se acordaron sus discípulos que está escrito: El celo de tu casa me comió.

18Y los Judíos respondieron, y dijéronle: ¿Qué señal nos muestras de que haces esto?

19Respondió Jesús, y díjoles: Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.

20Dijeron luego los Judíos: En cuarenta y seis años fué este templo edificado, ¿y tú en tres días lo levantarás?

21Mas él hablaba del templo de su cuerpo.

22Por tanto, cuando resucitó de los muertos, sus discípulos se acordaron que había dicho esto; y creyeron á la Escritura, y á la palabra que Jesús había dicho.

23Y estando en Jerusalem en la Pascua, en el día de la fiesta, muchos creyeron en su nombre, viendo las señales que hacía.

24Mas el mismo Jesús no se confiaba á sí mismo de ellos, porque él conocía á todos,

25Y no tenía necesidad que alguien le diese testimonio del hombre; porque él sabía lo que había en el hombre.

Reina-Valera 1909

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