En diciembre de 1945, un campesino llamado Muhammad Ali al-Samman fue en su camello hasta el pie de un acantilado cerca del pueblo de Nag Hammadi, en el sur de Egipto. Él y sus hermanos habían ido a sacar tierra suave y rica para echarla en sus campos. Mientras cavaban, chocaron con algo duro. Era una vasija grande de barro, más o menos del largo del brazo de un hombre, con la boca sellada.
Al principio tuvo miedo de abrirla, porque pensó que dentro podía estar encerrado un yinn, un espíritu. Luego pensó que podía haber oro, y la rompió con su pico. No había oro. Dentro había trece libros antiguos, hechos de páginas de papiro y encuadernados con tapas de cuero.
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