El Evangelio de Mateo empieza con una larga lista de nombres, un árbol familiar, que baja pasando por el rey David y el rey Salomón hasta llegar a Jesús. Esos dos fueron los reyes más grandes que tuvieron los descendientes de Jacob, y a los niños se los criaba para que se sintieran orgullosos de ellos.
Por eso sorprende lo que los libros antiguos dicen que hicieron esos dos hombres. La historia no está en el Evangelio de Mateo. Está en las historias más antiguas, escritas cientos de años antes de que naciera Jesús, que la gente de esa tierra guardaba sobre sus propios reyes. Una de ellas se llama Segunda de Samuel. Lleva el nombre de Samuel, un profeta de la historia, y nadie sabe quién la escribió.
Todavía más sorprendente es quién la guardó. La misma gente que honraba a David copió esta historia a mano, de padres a hijos, durante muchos cientos de años, y nunca la quitó.
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