Durante miles de años la gente ha creído que el cielo respalda al que va ganando. El ejército más grande y el trono más alto deben de tener a Dios detrás. Mucha gente todavía siente alguna versión de eso cuando mira a quien es rico y fuerte.
Por eso sorprende lo que pasó una tarde junto a un lago en Galilea. Una multitud de unos cinco mil hombres decidió agarrar a Jesús y hacerlo su rey, y él se les escapó y subió solo a un monte. Ese día se alejó de una corona, y lo volvió a hacer la mañana en que estuvo delante de un gobernador romano y dijo de qué estaba hecho de verdad su reino.
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