La paciencia cuesta. Queremos cambiar más rápido. Queremos que los demás cambien más rápido. Nos frustramos con nuestros hijos, con los compañeros de trabajo, con nuestra iglesia y con nosotros mismos. La mayoría ya perdimos la paciencia con alguien esta semana.
Jesús contó una historia corta sobre un viñador que no quiso rendirse.
La higuera
Un hombre tenía una higuera plantada en su viña. Durante tres años fue a buscarle higos, y no encontró ninguno.
Así que le dijo al viñador que la cortara. ¿Para qué ocupaba buena tierra?
Pero el viñador pidió una oportunidad más. El Evangelio de Lucas, uno de los cuatro relatos de la vida de Jesús, guarda su respuesta.
El entonces respondiendo, le dijo: Señor, déjala aún este año, hasta que la excave, y estercole.
Lucas 13:8 · Reina-Valera 1909
Déjala un año más. Voy a cavar alrededor y a echarle abono. Después veremos.
El viñador esperó, y trabajó. Le dio al árbol lo que necesitaba para crecer.
Una paciencia que trabaja
Así se ve la paciencia en la historia de Jesús: darle más tiempo, y más cuidado, a algo que todavía no ha cambiado.
Todos tenemos partes de la vida que todavía no han dado fruto. Hábitos que no podemos dejar. Oraciones que no han sido contestadas. Personas que amamos y que están pasando por un mal momento. La paciencia del viñador nos da una imagen de cómo tratarlas, y de cómo nos trata Dios.
Lo que significa para ti
Puedes tener paciencia contigo mismo. Crecer toma temporadas, no días.
Puedes tener paciencia con los demás. La persona que te frustra puede ser un árbol que necesita un año más, y algo de cuidado.
Hay una manera de practicarlo hoy. Si te viene a la mente alguien con quien casi te diste por vencido, haz algo bueno y útil por esa persona, como el viñador que cavó alrededor del árbol. Luego dale tiempo.
Dios es paciente contigo, y sigue cuidándote mientras creces.