Muchos sentimos que no tenemos nada que dar. El dinero no alcanza. El tiempo es poco. Pensamos que la generosidad es para gente que tiene más que nosotros.
Jesús se fijó en una mujer que casi no tenía nada, y dijo que ella fue la que más dio.
La caja del templo
Jesús estaba en el templo de Jerusalén, sentado frente a la caja donde la gente echaba sus ofrendas. Estaba mirando cómo daban.
Muchos ricos llegaban y echaban mucho dinero. Seguramente la gente se fijaba. Las ofrendas grandes llaman la atención.
Entonces llegó una viuda pobre. En aquel tiempo, una viuda muchas veces no tenía a nadie que la mantuviera. Echó dos monedas pequeñas de cobre, las más pequeñas que había. Juntas no valían casi nada.
Ella dio más
Jesús llamó a sus seguidores. El Evangelio de Marcos, uno de los cuatro relatos de la vida de Jesús, cuenta lo que les dijo.
Entonces llamando á sus discípulos, les dice: De cierto os digo que esta viuda pobre echó más que todos los que han echado en el arca:
Marcos 12:43 · Reina-Valera 1909
Luego les explicó. Los ricos dieron de lo que les sobraba. Ella dio de su pobreza. Echó todo lo que tenía para vivir.
Nadie más en el templo vio lo que ella hizo. Jesús sí.
Lo que significa para ti
La generosidad no depende del tamaño del regalo. Un regalo pequeño que te cuesta algo puede ser más grande a los ojos de Dios que uno grande que no cuesta nada.
Y no se trata solo de dinero. Puedes darle una hora a un vecino que está solo, una comida a una familia cansada, un aventón a alguien que no tiene carro. Esos regalos cuentan.
Todos solemos tardar en dar. Esperamos a tener más. Pero esta viuda no esperó. Si todo lo que tienes son dos monedas, o una tarde libre, eso es suficiente para dar. Jesús se da cuenta. Se fijó en ella cuando nadie más lo hizo, y se fija en ti.